DE OTRO MODO

Modificado el: 05/08/2014 Imprimir PDF

                                                                          Oh, Dios, si estás ahí, despierta.

                                                                            Despierta Dios de todos.”

                                                                                          - Marta Zamarripa -

 

Como en la hondura del atardecer las alas de las garzas se despliegan

dejándole a la brisa ese susurro que la melancolía desvanece ,

tus palabras, hermana, se elevaron buscando lo divino

nombrando el desconsuelo y la esperanza.

Y si rogaste a Dios

pidiendo que despierte, que nos mire,

que nos ponga a la sombra de sus manos,

fue porque en ese instante estuviste segura  de dos cosas, al menos :

que existe y nos escucha.

A mí también me afligen 

esas mismas miserias que desvelan tu sueño

sin tener tus certezas

porque siempre he vivido  sólo de incertidumbres.

Por eso te sugiero:

si al ruego respetuoso, a la voz elegida con cuidado

para  no perturbar,  impertinentes,  los círculos sagrados

El no ha dado respuestas,

probemos de otro modo.

Elijamos un tono confianzudo,

cual de viejos amigos que se encuentran

después de mucho tiempo, a medianoche, en un bar penumbroso:

- ¿Te fijaste, mi viejo, cómo andan nuestras cosas?

   ¿Mirás, de vez en cuando, el hogar que nos diste?

No voy a reprocharte falta de libertad

porque desde el principio nos dijiste : vayan, todo es de ustedes.

y actuando como padre pusiste unos consejos en la alforja

para que en el camino no sólo fruta y pan nos alimenten.

Pero también dijiste (si es que mal no recuerdo)

que estarían con nosotros tu protección y tu misericordia

no en algunos momentos sino siempre.

No te haré responsable

de tantos cataclismos, de tsunamis, de sismos o erupciones

(por más que hay quienes dicen que son señales tuyas)

pues me niego a pensarte el autor de crueldades semejantes,

pero si tu palabra, si el más leve susurro de tu voz infinita

tiene el poder de disipar la sombra, de mover las montañas,

de llamar a la vida a un muerto de tres días,

¿acaso es pedir mucho que hicieras sólo un gesto, un ademán apenas,

para que brote tibia y abundante la leche de los pechos de las madres

de los niños hambrientos que mueren inocentes?

 

 

Al dueño de la luz inmarcesible, ¿qué podría costarle

gastarse unas chispitas que iluminen los rincones oscuros

de la mente egoísta de esos hombres  a quienes se permite que acumulen

lo que otros necesitan y ellos no han de llevarse?

Si indicaras “planísimo” al coro de tus ángeles

que siempre cantan Gloria, 

escucharías al otro, a este coro terrestre de lamentos

y te condolerías  de tus hijos…

(Es decir, me parece, supongo, vos decime)

 

Con devotos susurros, o con lírica hondura,

con temor reverente, sin sonar atrevidas,

voces de mejor tono que la mía

te han estado pidiendo lo mismo que te he dicho en esta noche.

Tal vez estamos todos confiando en que conservas tus poderes

y en realidad los siglos  también en vos trabajan y te mellan…

 

Hermana, quién te dice que hablándole a la cara de este modo,

el índice mojado de la duda amagando a la oreja,

lográsemos, tal vez ,que  le despierte

como a un macho compadre la guapeza,

se requinte el sombrero y en dos quiebres limpitos nos demuestre

que la vista es la misma y la firmeza es como en tiempos idos,

Y… “por ahi “… confirmamos que dios es argentino.