SIESTA SIN ÁNGEL

Modificado el: 05/08/2014 Imprimir PDF

Al calor de la siesta nos juntamos

silbándonos de lejos.

Nada nos inquietaba

porque uno se acordó que la monjita

durante el catecismo

había dicho que Dios estaba lejos

“allá en los cielos”.

Y si Dios ni nos mira- dijo el Vago-

ya nos podemos ir hasta el arroyo

sin que nadie nos rete.

 

Como Adanes tostados

saltábamos al agua (chapoteo, risas, gritos)

En nuestro imaginario

éramos tararira, yacaré, palometa…

 

Y todo era jolgorio, hasta que Támaro

resbaló en una rama humedecida

y cayó, desarmado, desde el árbol.

Primero lo aplaudimos. Al ver que no salía

varios nos zambullimos a buscarlo

y cuando lo sacamos entre cuatro

ya estaba casi azul, pero pudimos

hacerlo respirar. Quedó muy quieto.

Un pesado silencio nos nubló la alegría.

Nos volvimos callados.

En el camino el Gringo preguntó

¿y en dónde mierda estaba el ángel de la guarda?

Le respondió Mosquito: tal vez nos ayudó

de abajo ‘el agua…por eso no lo vimos…

Los demás no quisimos discutir su confianza

y ya no hablamos más.