LA PRÓDIGA

Modificado el: 01/03/2017 Imprimir PDF

 

Bien, mi querida amiga,

estoy aquí

como la médula de los dados.

 

Recuerdo tus marfiles.

cantas,violín o grillo

sobre el hombro mimados del ser que lo reclina

doblegándolo al alma.

(esa tristeza de la música,

ese arco de dios

reclinado en lo antiguo).

 

Dirás que sí a una sombra

pero revés de un astro.

Lo lejano se cae sobre un pecho

y prosiguen esas distancias,

es decir que no de lo infinito,

es decir que sí del pecho.

¿Dónde, lejana, dime,

dónde te inclinas a los espejos de la sal,

dónde parpadeas para inventarte a ti misma

como justificándote,

diciendo a Dios : yo soy este infinito?

Tu divagar por la ausencias

ya es construir a un dios,

y estás tan cerca de mis pulsos

que te pareces a las edades.

Sí, historia, delicada gaviota del tiempo,

paloma de los huecos de las catedrales,

arrullo instintivo,

mecida por las olas.

Vuelves a mi corazón

como regresa todo lo lejano

y mi muerte es es esa apariencia de los crepúsculos que miras,

y te envuelven en un ruiseñor de la tierra,en un canto,

en una cuerda viva

que te doblega a mi alma.

 

 

de Libro de ausencias y de adioses - Ediciones Letras y Bibliotecas Córdoba - Córdoba - 2009.