REVISTA PANZA VERDE

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Fernando Belottini

Entrevista por Gonzalo Acosta Tito

Revista Panza Verde N° 228 - 1ra. Q abril 2011 - Suplemento Literario "El pescador de Letras" N° 25

 



“De un texto, más que de dónde viene me preocupa el resultado, hacia dónde va”

 

En la presente entrevista nos encontramos junto al escritor Fernando Belottini, quien amablemente accedió al juego de preguntas y respuestas, que le propuso el Pescador de Letras. Belottini, entre otras cosas, fue distinguido con el premio Fray Mocho Cuentos en el año 2009 (máximo galardón literario que otorga la provincia de Entre Ríos), por su libro "Textos sin destino", el cual está integrado por doce relatos, cercanos a las crónicas urbanas. Haciendo un breve repaso del andar histórico de Fernando podemos decir, en primer lugar, que es oriundo de la provincia de Santa Fe. En segundo lugar que nació quizá, por un deseo casual en la localidad de San Jorge un verano de 1962, que pasó su infancia en María Susana y su adolescencia en Las Parejas, y que el despuntar de su juventud lo llevó a la ciudad de Rosario y luego a Córdoba. Desde el otoño de 2000 habita tierra concordiense, sin saber, nuestro suelo, si este será su destino definitivo...

 

- Fernando, usted es nacido en San Jorge provincia de Santa Fe: ¿A qué edad emigró y cuáles fueron sus recorridos y destinos?

Me cuesta decir que fue la casualidad la que me llevó a nacer en San Jorge, porque nadie nace por casualidad, sino por deseo. Pero que mi nacimiento haya sido en esa ciudad, se debió a que el médico que atendía a mamá no podía asistirla donde vivíamos, que era en María Susana (Santa Fe). En ese pueblo, que en 2011 cumple cien años, pasé mi infancia. Cuando tenía trece nos mudamos con mi familia a Las Parejas, también de Santa Fe, y a los dieciocho fui vivir a Rosario, para ingresar a la Universidad. Razones laborales me llevaron después a trabajar a Córdoba por unos tres años, y esas mismas razones me trajeron a Concordia. Lo curioso es que en cada uno de esos lugares completé mis ciclos de enseñanza formal. La primaria en María Susana, la secundaria en Las Parejas, la universitaria en Rosario y un posgrado (en Administración de empresas) lo terminé entre Córdoba y Concordia.

 

- ¿Cuáles son sus influencias y referencias literarias?

Las influencias son ineludibles e innumerables. Van cambiando con el tiempo y con señalamientos de amigos y referentes. Al principio, la literatura del absurdo (Virgilio Piñera, Augusto Monterroso, Nikolai Gogol, Eugene Ionesco, Samuel Becket, Kafka, Buzatti), los existencialistas (Sartre, Camus), el objetivismo (Robbe Grillet, Saer), el realismo sucio (Carver)... Más acá: Borges, Bioy Casares, Murakami, Alicia Steimberg, Inés Fernández Moreno. En poesía: Fernando Pessoa, Roberto Juarroz… Siempre: Felisberto Hernández, Clarice Lispector, Cortázar, Ítalo Calvino. Seguro omito a varios.

 

- En una entrevista usted dice: “Estoy más cerca de la crónica que de la literatura en sí (…) Porque no quiero leerme y encontrar la pluma, la intención literaria; eso me molesta, el gesto ése de ‘soy escritor’, y entonces y por eso voy a usar metáforas y esto o aquello. Pero en realidad estoy queriendo contar una buena historia, nada más. Mi preocupación hoy es cómo se arma esa historia y en todo caso después veo cómo la cuento” ¿Cuáles son los disparadores principales al momento de vislumbrar “una buena historia”?

Es raro que yo tenga en claro lo que voy a contar cuando comienzo un texto, quiero decir que “la historia” se desarrolla o se resuelve mientras lo escribo. Si logro sumergirme en él pretendo que sea un descubrimiento, que primero me sorprenda a mí. De saber cómo será el argumento, quizás lo abandone. Creo que tal vez eso garantice que tenga vida propia. Pero esta forma de hacerlo conlleva el riesgo de extraviarme, de no llegar a buen puerto y de que el texto carezca de atractivo.

Lo que dije en ese reportaje tiene que ver con las estrategias con las que podemos seducir a los lectores, ante tanta competencia (hoy accesible) de otras artes.

Ahora bien, el punto de partida por el cual me siento a escribir, o los disparadores, así como las influencias, son múltiples y azarosas: una situación emotiva que me tocó vivir, una conversación, una lectura. Aunque, de un texto, más que de dónde viene me preocupa el resultado, hacia dónde va, qué resonancias tiene en mí y pueda tener en los demás.

 

- Su poema El todavía de la memoria, las fotografías y los papeles, canta:

La lava llegará.

A las doce y cuarenta y cinco la lava llegará al pueblo.

Al pueblo donde habitan

desde antes de las doce y cuarenta y cinco

hombres y mujeres.

Falta poco.

Hombres y mujeres comienzan el abandono de los lugares que habitan

Comienzan cargando, en los lugares que pueden, cosas inverosímiles.

Antes que estalle el abandono.

Falta poco.

Cosas inverosímiles, es decir

cargando fotografías y papeles en blanco.

Es decir, lo que pueden (…)

 - ¿Antes que la lava llegue a Concordia y estalle el abandono, qué cosas verosímiles e inverosímiles intentaría cargar?

A mis afectos, que quizás sea lo más parecido a lo verdadero, a lo que sobrevive. Del resto puedo prescindir.

 

- ¿A qué cuento usted dice “¡Uh cómo me gustaría haber sido yo el que lo hubiese escrito!” y por qué?

Entre tantos, “Matar a un niño”, de Stig Dagerman. Lo leí hace muchos años en la revista “El ornitorrinco”, que dirigía Liliana Heker. De ese texto, que tiene todos los elementos de la mejor narrativa, me sorprende además que habiéndonos contado el final desde el comienzo, logra atraparnos hasta terminar de leerlo y nos deja un gusto amargo, propio de aquellas cosas irremediables.

 

-¿Cómo surge la idea de la página Autores de Concordia y háblenos de dicho espacio?

Cuando llegué a Concordia, llevaba ya unos años sin escribir o interesarme por la literatura. Tampoco conocía a los referentes locales. Aún así, solía asistir a las presentaciones de libros. Notaba (en mi modesto saber y entender) que Concordia tenía y tiene buenos exponentes. Pero, tal vez por no prestar atención, no veía que esos autores tuvieran alguna presencia social. Aunque esto, claro, sucede con la literatura en general, que está muy lejos de lo cotidiano. Es más, el acto de escribir y de leer parecen una rareza, una manera de perder el tiempo, una cuestión de tipos y tipas que parece estar fuera de la “realidad”.

Luego retomé la escritura  y armé mi página web para difundir lo que tenía guardado en los cajones. Se me ocurrió que sería interesante también mostrar lo que escribían otros autores locales. Entonces me acerqué a Stella Maris Ponce y a Marcelo Leites, quienes a su vez me vincularon con Maüss. Entre los cuatro delineamos la página. Maüss hizo el diseño inicial y Stella y Marcelo, que conocían el medio,  fueron acercando autores, mientras que yo me ocupaba de cuestiones “administrativas”.

Hay un substrato literario en la ciudad al que creo que aún no hemos llegado.  Porque además de Alejandro Bekes, Juan Meneguín o Daniel Durand, por nombrar poetas con una importante y reconocida trayectoria (a los que sumo a Marcelo y Stella), vemos que hay una generación de entre 25 y 35 años de jóvenes nacidos acá, que están haciendo camino. Incluso el último Fray Mocho en novela, Francisco Senegaglia, también es concordiense. Y, si nos remontamos al pasado, hay una tradición poco leída y explorada localmente, como lo fueron algunos nativos (Soiza Reilly, Víctor Juan Guillot, Isidoro Blaisten), o escritores que pasaron por la ciudad y dejaron su impronta, como Andrés Chabrillón, Francisco Tomat Guido o Marta Zamarripa.

¿A qué apunta la página? A valorizar lo propio, a dar apoyo y difusión a la creación literaria local y de la provincia, que si bien es una actividad solitaria necesita también funcionar en red, enriquecerse e insertarse más en la sociedad. Ojalá nos quede mucho por hacer y descubrir, porque de la cantidad suele surgir la calidad.