REVISTA REY TUERTO (1999)

Modificado el: 09/10/2016 Imprimir PDF

 

Transcribimos reportaje a Juan Meneguín en Revista Rey Tuerto de Concordia, Año 1, Número 1, Octubre 1999.

 

"BESTIAL Y MÍSTICO"

Por Martín Vera

 

El 24 de setiembre, Juan Meneguín presentó, en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, su obra "Religión de Misterios" ganador del premio Fray Mocho 1997 en poesía. Más de cien personas asistieron al evento, donde los escritores Claudia Rosa, Miguel Angel Federik, Marcelo Leites y José G. Ceballos se refirieron con afecto y admiración a la obra del escritor concordiense.

Interesados en conocerlo más profundamente nos acercamos a su estudio a charlar con él.

 

-¿Qué significa para un escritor ganar un premio?

 

- Yo creo que a la larga o a la corta todos los escritores concursan, por lo menos en los últimos 20 o 25 años es una norma, sobre todo en concursos como el Fray Mocho donde el premio es la edición de la obra, que es muy importante en este momento porque siempre es una erogación muy grande publicar una obra y después pelearla para distribuirla, para difundirla. Es un premio muy querido el Fray Mocho; creo que de los premios a nivel de! interior, arriesgaría decir que no existe otro que tenga su filosofía.

 

-¿Debido a las grandes dificultades para editar y distribuir, un premio es la única salida para un escritor?

 

- Si separás lo que es el mercado editorial de la narrativa, de lo que es la poesía y la crítica literaria, seguramente sí. Yo creo que no ha habido momento en la historia en que el mercado editorial defina, decida y determine qué es lo que se va a publicar tanto como en este momento. Vale decir que lo que antes nos causaba gracia que en EE.UU. existían escritores de editoriales, hoy en la Argentina es una realidad, Planeta y Sudamericana son eso; se venden novelas históricas y tienen escritores que escriben mamarrachos de novelas históricas, fijate vos lo que pasa, han salido más novelas históricas en los últimos 5 años que en toda la historia de la literatura argentina, y sobre todo muy mal escritas, de Maina Esther (de Miguel) para delante y para atrás.

Por otro lado tenés el trabajo de reflexión filosófica dentro de la literatura, que no sale normalmente de los claustros universitarios, y la poesía; y la poesía como nunca vendió se mantiene dentro de una plataforma muy subterránea con muchos lectores, pero son lectores que no compran libros en su gran mayoría.

 

- Hablabas recién de editoriales como Planeta y Sudamericana y la gran presión que ejercen para imponer sus productos, uno ve la vidriera de una librería y no encuentra nada de literatura concordiense, supongo que debe ser muy difícil para nuestros escritores hacerse conocer.

 

- Sí, sí más que difícil es casi imposible, Héctor Tizón decía en La Nación que es tan grande el "cholulismo", que necesitás que te premien en Francia para que te conozcan en Bs. As., Y sin embargo es un narrador que tiene e! campo mucho más grande que un poeta, pero es el precio de vivir en un pueblito llamado Ayala que queda a 60 Kms. de Jujuy, y es el precio que pagamos todos. La discusión y la dialéctica del centro y la periferia siguen tan vigentes como hace años, y al escritor del interior le es imposible acceder a ese nivel, a menos que vos estés tocado por la varita de la suerte, que es medio extraño, o la varita del acomodo, o la de los intereses. Desde el punto de vista del trabajo en la literatura es muy difícil y desde el punto de vista del poeta es mucho más difícil todavía. Vos fijate que salvo los casos naturales que puede haber de grandes poetas porteños, los grandes poetas argentinos son del interior. El peso que tiene, la densidad en materia que hay en el trabajo y en la reflexión del lenguaje desde el interior, es mucho más sólido y de más trayectoria que los poetas porteños. En Bs. As. hay buena gente, hay buenos poetas también, pero hay una carga infernal de "tilinguería" literaria.

 

-¿Creés que los escritores concordienses son valorados en nuestra ciudad?

 

- Mirá, en Entre RÍos sí, en Concordia no. Vos vayas donde vayas en E. R., conocen a sus escritores, a sus poetas, los leen, los difunden y los enseñan; en cambio en Concordia no. Nos tienen más leídos, más estudiados y enseñados en Paraná que acá.

 

-¿Por qué creés que pasa eso?

 

- Pasa por lo que es Concordia.

 

-¿Existe la idea de que: "este vive a la vuelta de mi casa, que lo voy a leer"?

 

- Sí, sí yo creo que está vigente eso además a eso sumale el estado de indiferencia que hay respecto de la cultura, un estado de apatía de desinterés y la profunda frivolidad que hay; en otras ciudades hay también frivolidad, naturalmente que sí, sin embargo los profesores enseñan literatura entrerriana, vos te vas a Curuzú, a Paso de lo Libres o a Goya y no solo conocen a sus poetas, sino que saben que las letras de los chamamés que escuchan en la radio están escritos por poetas, y en Entre Ríos ni siquiera los folcloristas recurren al talento de sus poetas. Ahora bien, dentro de ese reduccionismo, vos vas a Uruguay y enseñan literatura entrerriana y no desde ahora, te estoy hablando desde la época de Ángel Parodi con la revista Ser, ahí encontrás literatura entrerriana como si fuera Bs. As.; te vas a Paraná lo mismo y ni que hablar de Gualeguay. Salvo acá que, salvando las distancias, ha tenido su momento glorioso. De Concordia ha salido Juan Francisco Guillot por ejemplo, que ha sido antecesor de Borges, de Cortázar, también salió Chabrillón que fue antecesor del Creacionismo, era un tipo que discutía de literatura con Vicente Huidobro. Si vos te ponés a pensar, en el campo de la creación artística en general, hoy en día en Concordia tenés tipos que están afuera, y que gracias a que están afuera han logrado algo, es el caso de Lavallén, de Cecilia Díaz, es el caso de mucha gente.

 

-¿Concordia los expulsa?

 

- No es que los expulsa, sino que se auto exilian, sobreviven gracias al exilio. Es muy terrible el desafío de producir para el intelectual que se queda acá, es difícil.

 

- Me gustaría que me cuentes un poco acerca de tu obra.

 

- Yo vengo publicando hace mucho, lo que pasa es que no he publicado grandes series de libros, soy bastante haragán para publicar. No me convence el hecho de que escribir signifique publicar, yo creo que hay un tiempo para el trabajo interno y cuando se da publicás. Publiqué en el '87 "Cantos Apocalípticos", en el '91 un libro de cuatro poemas solamente que se llama "Ragas en la niebla", después publiqué una plaqueta de un solo poema largo que se llama "Papel España" con el cual obtuve el segundo premio del Enrique Pezzoni, de la Universidad de Buenos Aires; y ahora "Religión de Misterios" que ganó el Fray Mocho. Tengo material para publicar pero habría que corregir algo.

 

-¿Qué representó cada libro para vos?

 

-Mirá, yo hasta ahora he venido logrando que cada libro responda a una búsqueda, al resultado de una exploración y que esa exploración me coincida de algún modo con el tiempo, por suerte lo he podido hacer. Yo hasta ahora no me puedo quejar, he tenido "buena prensa" con los tres libros, han sido libros que a la gente le han gustado, que se han leído. Eso puede dar la pauta de que todo el laburo que significa lograr una palabra y que de algún modo tenga alguna resonancia. No creo en las cosas fijas, en las premisas, en los programas, o en una forma determinada de escritura, yo busco el lenguaje más que nada a través de estados perceptivos y de intuiciones profundas, yo estoy cada vez más convencido de lo fugaz que es la vigencia de una voz, si quedan versos dando vuelta y alguien los recuerda dentro de veinte años ... (Suspiro) yo creo en el tono, uno debe dar un tono, un ritmo, una cadencia, más allá de si versificas en arte mayor o en arte menor, creo sí que uno debe versificar en arte mayor, para el arte menor están los minimalistas.

 

- Sobre tu último libro muchos hablan de la dicotomía Naturaleza-Tecnología, lo que me hacía pensar que es bastante común que sobre una obra rehagan interpretaciones y se busquen significados más allá de lo que el autor haya querido decir.

 

- Sí, es cierto, yo creo en lo maravilloso de la polisemia, como se amplía el campo de recepción de una obra. Cuando das con el tono, cuando apretás la tecla justa, cuando tocás el acorde justo, ésta produce una serie de resonancias que vos no sabes, vos creíste que estabas diciendo una cosa y resulta que no es esa, es otra, hay una multiplicidad de significados, y haya su vez una multiplicidad de significados dentro del significado que vos en su momento pensaste que era y no viste que había otros más; como una suerte de cebolla, sacás la cáscara, sacás una capa y siempre hay otra más adentro, aunque a veces ocurren disparates, por ejemplo el binomio naturaleza-tecnología yo nunca la razoné en forma tan acabada, nunca me he planteado que yo tenga que escribir sobre la naturaleza o sobre la tecnología, lo que si yo tengo claro y que siempre desprecie directamente es el paisaje, yo no creo en el paisaje y si ustedes ven en la poesía entrerriana no hay paisaje, salvo Mastronardi, donde no hay naturaleza, hay paisaje.

Hay dos constantes en la poesía de Entre Ríos: una es el exilio, o el autoexilio y la otra constante es la naturaleza, la gravitación de la naturaleza, esos son dos imanes muy poderosos en nuestra literatura. Ahora yo no me planteo algo programático, busco la ecología descomprometida, no está en mi estética la obligación de "hablar de".

 

-¿Existe una presión hacia los intelectuales para que tomen posición, para que se proclamen por alguna causa?

 

- Yo creo que es cosa del pasado, ya no queda nada Hubo toda una generación en la literatura donde era obligación escribir "desde", no escribir "sobre". Creo que no tiene mucha significancia hoy en día, no por la taradez del fin de las ideologías, sino porque ya no hay lenguaje que sostenga ese discurso, falta el adjetivo, la construcción de ese lenguaje, ojo que no estoy diciendo que no crea en la poesía social, todos hacemos poesía social de algún modo; pero el compromiso como siempre está en la búsqueda de un lenguaje y fundamentalmente ser fiel a uno mismo.