ENTREVISTA: PABLO GUERCOVICH

Modificado el: 18/05/2011 Imprimir PDF

(Material tomado de http://www.sidus.com.ar)

Cuatro y cuatro

–¿Usted ya había tratado el tema de su bisexualidad en algún libro anterior?

–No, nunca, pero no quería morirme sin hacerlo explícito. Es una forma de luchar contra la discriminación.

–¿De qué manera?

–Haciendo que una persona supuestamente muy distinguida por su literatura pase de pronto a ser una lesbiana. Eso es lo que hay que desear: que una lesbiana se integre no por sus preferencias sexuales sino por sus méritos. La vida privada no tiene nada que ver. Si yo soy una persona que de acá (señala su cabeza) parece ser notable, también tengo mis gustos. Porque si yo te digo la cantidad de personas con las que me acosté, cuatro hombres y cuatro mujeres, por ahí vos te considerás con derecho a decirme “pe”, “u”, “te”, “a”. ¿no? Porque yo probaba, ¿viste?

–¿Pero ese es un número real o usted me está dando un número al azar?

–No, es real.

–Pero es poco.

–¿Es poco? Bueno, pero para una mujer de Gualeguay... Actualmente tengo una relación lesbiana. Pero te aclaro que me considero bisexual. Los viejos también tenemos deseos sexuales, a pesar de lo que vos podés creer, tanto los hombres como las mujeres. Las mujeres tienen más posibilidades, porque dependen del clítoris nomás. Y bueno, lo pueden hacer solas, también. Y lo hacen las viejas...

–¿Y cree que se sabe aquí, en Gualeguay, que usted ha tenido relaciones con mujeres?

–Y sí, Habitaciones yo no la vendí acá, pero la compraron.

–¿Antes ya se sabía?

–Creo que se sospechaba, ¿sabés por qué?, porque le he oído decir al personal doméstico cosas que parecen dirigidas a mí. Quiere decir que algún rumor habrían escuchado. A mí no me decían nada directamente porque las hubiera echado. Pero yo he escuchado a una decir: “No hay cosa que me repugne más que ver besarse a dos mujeres”. Porque había visto a la Madonna, que se besó no sé con quién.

–Con Britney Spears, otra cantante. Marketing. ¿Qué opina de eso?

–Si vos mezclás lo que hacés con un poquito de sexo, vendés más. Yo no vendí nada de Salvadora, pero cuando le puse un poquito de sexo vendí en Alemania, en España, en todas partes.

–¿Sabe que está de moda el jugueteo sexual entre las adolescentes, incluso en público?

–Es por la televisión. Además hay una serie sobre lesbianas en los Estados Unidos, por ejemplo.

–¿Eso es bueno?

–No, yo creo que es malo. Porque no hay que difundir conductas, no hay que obligar a adoptarlas. Que cada cual haga lo que quiera. Las chicas ven eso en la televisión y bueno, así como se visten igual, en esto es lo mismo.

–¿Y por qué la televisión lo hace?

–La televisión está hecha para no pensar.

 

 

Emma Barrandéguy junto a la periodista María Moreno, en la presentación del libro.

Liberarse del hombre

–¿Usted cree que algún día se va a considerar normal la homosexualidad?

–Nunca. Mientras exista una religión que introdujeron los judíos y se llama cristianismo. Si uno lee Memorias de Adriano [de Marguerite Yourcenar], ya sabe que los romanos tenían el amigo para convivir y hacer guerras, leyes, todo, y la mujer para reproducción. A eso no se le llamaba homosexualidad.

–¿Qué era?

–Era algo normal. En África y en Asia no es algo reprimido. Las religiones orientales son más tolerantes, y las tribales, con más razón, porque suelen vivir promiscuamente, y donde se vive así...

–Su libro fue tomado como bandera por militantes feministas, ¿qué opina de eso?

–Está bien. El movimiento feminista me merece mucho respeto. Mirá, el hombre ha progresado, está menos machista, pero yo no creo que esa característica se pueda extirpar porque entre los animales el macho siempre domina a la hembra, y nosotros nos estamos volviendo cada vez más animales. Además, antes que la mujer, tiene que liberarse el Hombre (con mayúsculas).

–¿Y usted cómo concibe la relación entre dos mujeres? ¿Una relación que se aparta de esa cultura del macho?

–Se aparta. Yo la he considerado una variante. Mi pareja, ­que es casada y tiene hijos, me dice que siempre ha sentido sumisión. 
Se ha sentido usada, más que querida. Aunque ahora me he enterado de que hay servicios de ayuda para mujeres golpeadas por sus parejas mujeres.

–¿Qué diferencias ha encontrado en sus relaciones con mujeres y sus relaciones con hombres?

–Que con los hombres no sentía placer. Me sentía usada. Claro que también está la ternura, la confidencia, el compañerismo. Yo he tenido un hombre que era muy tierno, aquel al que le dediqué mi libro Habitaciones. Pero no andábamos en la cama. Por eso no me casé con él. Yo dije: “Me caso con este hombre”. Pero no pudo ser.

–¿Usted se empeñó de alguna manera en tener una relación...?

–¿Normal? Sí, me empeñé, sí.

–¿Por qué?

–Y, porque me hubiera gustado más tener familia y chicos.

–Le hubiera gustado tener hijos.

–Sí.

–¿Y qué pasó? ¿Fue sólo que no encontró el hombre adecuado?

–Yo creo que fue un defecto físico mío. Ahora lo comprendo. No poder tener hijos. Yo me acuerdo de un médico que me dijo: “¡Usted es como mi mujer: fría!”. Después me mostró el retrato de una mujer pechugona. Y claro, yo salí a mi madre: no tengo nada.

–Me contó que está leyendo un artículo de Freud sobre homosexualidad.

–Ah, sí, el primer caso que se le presentó de homosexualidad femenina. Pero ahí la homosexualidad está con un gran enamoramiento, que a mí me parece que sólo de adolescente se puede tener. Después ya no, se busca porque se necesita placer, o complacencia, o compartir cosas.

–¿No hay idealización?

–Yo no idealizo al otro, yo lo quiero con defectos.

–Usted dice: “Me hubiera gustado tener una relación normal”. Utiliza el término “normal”.

–Claro, o sea: aceptada socialmente. Poder tomar de la mano a mi pareja, ir a bailar. Ser aceptada.

–Le hubiera gustado serlo

–Como a todo el mundo. Todos quieren ser aceptados socialmente.

–¿Y usted considera que no lo es?

–Ahora sí, pero me respetan porque salgo en televisión.