TRES LÁGRIMAS DE TOPACIO

Modificado el: 11/05/2011 Imprimir PDF

 

 

TRES LÁGRIMAS DE TOPACIO

Ella decía…
Toda su rama en flor inclinada…
Y el agua corría.

Ella decía…
Sobre el agua y el tiempo inclinada…
Y el tiempo corría.

Para siempre, muy juntos, pasaron
El tiempo y el río…
La flor se llevaron.

Ella decía:
Sólo me dejaron
La melancolía.


            *

La tarde el paisaje
De seda vestía…
La tarde es un traje.

Flotaba la seda amarilla…
El agua de viaje
Cantaba en la orilla.

La vida inclinada 
Veía su ceibo de picos de sangre
Cubrirse de seda morada.

El tiempo fluía,
Trayendo su traje de noche
De seda sombría.

          *

Ella decía
Viste de negro la desesperanza,
Ternura mía.

Contra sombras y olvido
Lucha nuestra añoranza
Del bien perdido.
Sobrevolando tiempo y corriente
La nostalgia los ojos
Vuelve a la fuente.

¡Oh la rama inclinada!
Trémulos picos rojos
Sobre el río y la nada…

          *

Tres lágrimas cayeron, tres lágrimas
Como tres topacios del alma;
Tres amarillas gemas lloradas;
Amarillez de la luz y la savia…
Así llora el sauce tres hojas pálidas.

Añoranza que junta la vida y la muerte;
Ojos como dormidos que miran largamente;
Mirada inexpresiva que a lo interior se vuelve,
Donde el recuerdo guarda imágenes indelebles…
El recuerdo es la vida de la muerte.

Aléjase la esperanza con el tiempo y el río;
nada quedará del amor sucedido,
Corolas deshojadas, besos marchitos…
¡Sólo huellas de amor en los versos de un libro, 
Mundo sensible y fugitivo!
Intérnase la nostalgia por caminos oscuros,
De profundas raíces y apagados crepúsculos;
Retorna al bien perdido su senda sin futuro,
En una obsesionante atracción de sepulcro…
¡Oh encanto irreversible de lirios insepultos!
Sólo la decadencia 
De los cálices mustios…

          *

Pero el poema existe,
A pesar de estar hecho
De la vida rota y holocausto triste.

La potestad suprema
De levantar el lacerado pecho
Haciendo de una lágrima una gema.

Astro de amor que en el dolor descuella,
Engastado en la noche
Para resplandecer como una estrella.

Sólo el poema es vida,
A pesar de la angustia y el reproche,
Del cáliz mustio y la ilusión perdida.

          *

¡Oh traspasa tu hora,
De inclinación oscura sobre el río,
Para llegar al oro de la aurora
Y a los claros diamantes del rocío!

Oye la voz callada
Que en lo profundo de tu ser te advierte
Que llega día a día la alborada
Para librar su lucha con la muerte.

Ante el hado sombrío,
La fórmula que anima y que renueva,
Es atenerse a lo que trae el río,
No dejarse llevar por lo que lleva.

¡Alboradas radiantes
Despertarán las pálidas orillas,
Para glorificar con sus diamantes
El duelo de las gemas amarillas!

          *

Y abrióse lentamente
La claridad del alba;
Y su fruto de luz se dio a la vida
En una dehiscencia rosada,
En un advenimiento de gracia.

El río, de lejos,
Venía atropellando sus aguas,
Bajo el apremio de la brisa
Y hablando fuerte con la marejada.

El tiempo, otro tiempo,
No aquel de las cosas pasadas,
Ibase con el río a la muerte,
Pero dejando perspectivas blancas.,

Y el ceibo de picos de sangre,
La vívida flor encarnada,
Erguíase fresa de brisa y rocío
Frente a la esperanza…
¡El rocío y la luz convertían
En diamantes las lágrimas!