EL VALOR DE LA VIDA

Modificado el: 18/05/2011 Imprimir PDF

Vengo del centro de una estrella…

(El Todo sin el Todo es la Nada).

     Traemos en esencia

El secreto inicial en las entrañas:

Dios en las siglas del misterio,

     Inaccesible a la palabra.

 

Después…en lo incontable, más allá de los números

     los días de la Tierra,

     y las horas del Hombre, la vida

     Del pensamiento en la materia.

     La luz espiritual que vuelve

     A la conquista de su estrella;

     Calor que enciende el alma

      Con el amor que la encadena.

 

 

                    II

       Arde al fin, encendido

De lejanía cósmica el poema.

Margarita estrellada de mi verso

Duplica su lejana compañera.

       Cáliz transfigurado

Por el ordenamiento y la belleza;

       Flor del alma del hombre

       En el jardín universal abierta.

 

¡En el verso el sentido de la vida!

La esencia original está en su copa.

Como medida en el impulso libre

La idea justa su collar denota.

Música en la palabra, el sentimiento

de las correlaciones armoniosas.

        Voz en la melodía,

Casi el aroma y el color; la honda

        Raíz que se define

En la culminación de la corola.

 

                      

                    III

Lo que llevo del mundo y de la estrella

Se irá de mí, se detendrán mis pasos.

Nada más…Sólo un alma deshojada,

        Sólo el recuerdo de algo

Que se fue para siempre, la ceniza

que cubre los caminos del pasado…

 

Ventana azul sobre el follaje verde

Abre del hijo la querida mano.

Porvenir de la carne y del espíritu

Sólo en el germen del amor guardado.

 

Ala y temblor del hombre pasajero

Quedan en la armonía de su canto.

         Vuelan hacia el olvido

Que apagará el temblor y el aletazo.

 

 

                      IV

         Nada más…La estructura

         Deshecha en lo infinito…

         Lo que pasó era todo,

Caudal y sombra, el tiempo y el camino.

         El bien de la existencia            

         y existir… es lo mismo.

La suerte es nuestro traje de la vida;

El bien y el mal, la ropa del destino.

 

Juventud vertical, casi sin sombra,

         Vive su plenitud de paraíso.

El alba sube en la cabeza rubia;

Son diamantes los ojos del rocío;

Plata lunar para labrar un sueño;

Verso y amor cantando en los racimos;

Madrigal que aletea en la cintura

Por subir a la gloria de dos nidos…

¡Hermosa juventud de las pasiones

En la embriaguez del sacrificio…!

La vida de la muerte, la del dolor sin nombre;

         Bien y mal confundidos;

         Sócrates, la enseñanza y la cicuta

         Como en un solo filtro.

         Negra altura del Gólgata;

         Las alas del Maestro

         Para diseminar un Evangelio

En la entraña revuelta de los siglos…

Y Ella, la Única, la Vida, nuestra Vida

El panal y el veneno de lo tuyo y lo mío.

 

¡Luz en los ojos y en la frente, hermanos;

Hagámosla mejor, sentencia el juicio!

 

 

     Última página de su poema de despedida,

     escrito en Bs.As., el 7 de octubre de 1968