AGUA Y VINO

Modificado el: 07/05/2011 Imprimir PDF

 

De noticias leídas hoy en el diario surge una turbia ensoñación, mientras me entrego al Idilio de Sigfrido, en la versión de Pierre Boulez. He leído que el presidente argentino y el rey de España cenaron ayer en Cafayate. Turbiamente, me pregunto qué vinos habrán servido para agasajar al hijo de los Borbones, al noble representante de las petroleras... Recuerdo algún vino fastuoso bebido en las cercanías del Ebro, y me digo que también en nuestra Argentina ha de haber vinos que compitan dignamente con los de la Rioja española. Siento una tenue curiosidad por saber a qué sutilezas estará habituado el paladar de un rey. (La música, indeciblemente bella, me acaricia, me deja saborear la felicidad de una tarde libre.) Y por esa singular dialéctica de la memoria, me vuelve a la mente esta frase o retazo de frase: “un poco menos áspera que su bebida habitual”. Puedo situarla: procede de aquel cuento árabe del Agua del Paraíso.

Un beduino llamado Ahid había encontrado en medio del desierto un agua tan dulce, que quiso llevarla a Bagdad para que la probara el Comendador de los Creyentes, Harún al Rashid. Éste la probó, e inmediatamente ordenó a un guardia que premiara al beduino y que lo sacara de la ciudad, pero cuidando de que por ningún motivo viera el poderoso río Tigris... (La música prosigue su derrotero intrincado, su arabesco paradisíaco, en mi tarde libre, después de esta semana trajinada: las cuerdas de ese violín parecen hablar la lengua que Adán y Eva escucharon junto al Árbol, el día que se les abrieron los ojos; y la flauta que surge allí es para ese violín como una grácil compañera.) El relato nada nos dice de lo que Harún al Rashid, el califa, sintió al probar el Agua del Paraíso; también su paladar estaría habituado a los vinos más delicados. Pero ¿qué vino, por exquisito que sea, puesto en la boca de un rey, puede compararse en dulzura con el agua del beduino, agua dulce en los labios partidos por la arena, en la lengua que nunca supo sino de los jugos salobres del desierto?

Oh Ahid, ¿qué néctar sobre la tierra pudo compararse al sabor de tu agua?