EN TORNO A LA VOZ “PAYADOR”

Modificado el: 25/05/2011 Imprimir PDF

No es fácil establecer con precisión el origen de la voz payador. Hay quienes dan por averiguado que se trata de un derivativo del quechua paclla, que quiere decir campesino, especialmente campesino pobre, y que ha influido en Chile para imponer la grafía pallador, usada también alguna vez en el Río de la Plata por Acasubi y Magariños Cervantes. Pero el asunto tiene su complejidad y requiere un prudente análisis.

Entre los eruditos que, en la Argentina, con mayor atención y autoridad se han ocupado del tema, figuran Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas, escritores eminentes cuyas aportaciones brindan buen material para la observación y el examen comparativo, junto a otros elementos y sugestiones que trataremos de allegar, en procura de la ilustración del mejor criterio.*

Para Lugones resulta indudable que las voces payador y payada (o sea trovador y tensión, respectivamente) proceden de la lengua provenzal, “como debió esperarse -dice- al ser ella, por excelencia, la lengua de los trovadores". Examina las raíces griegas y latinas y, partiendo de la voz portuguesa palhada (charla) y del verbo palhetear (bromear), llega, a través de su rastreo idiomático, a balada y baile, que en efecto tienen la misma etimología, pues la balada era una especie de canción entonada al mismo tiempo que se ejecutaban los giros del baile; una pieza poética que se cantaba bailando. Estas formas artísticas (bailar cantando, o cantar bailando), se encuentra asimismo en las culturas indígenas americanas: el mitote de los aztecas; el areito de los taínos de las Antillas; ciertas formas del taqui área incaica; el camo de los otomacos del Orinoco. Formas relacionadas con lo histórico y lo épico.

Finalmente, siempre en apoyo de su afirmación sobre el origen provenzal del vocablo payador, Lugones indica que los antiguos trovadores de la tierra de Federico Mistral solían denominarse a sí mismos preyadores, y recuerda la forma prayar, hasta llegar -haciendo concurrir también balada y palhada a prayador, con lo que da por fundada la etimología de la voz aquí estudiada.

Rojas, por su parte, se inclina a considerar a payador, como un derivado de la voz español a payo. Lo mismo ha hecho Tiscornia. Payo es el nombre dado al campesino en Castilla; payés en Cataluña y las islas Baleares. Rojas se remonta a la voz latina pagus, de donde viene pago, que  es aldea, comarca y distrito rural, y de la cual proceden igualmente país  paisaje, paisano. En germanía, payo quería decir pastor. En la Argentina se usan los vocablos payuca, payuco y payucano para designar al campesino. Y como país encierra el significado de pintura del campo, y el payador andaba "de pago en pago", para Rojas los payadores vienen a ser los poetas campesinos que recorrían la tierra natal cantando (o pintando en sus versos) las cosas del país. Y de pagueador-paguiador (el que cantaba de pago en pago), llega a payador, "creador y recreador d la patria en el arte".

Las inquisiciones y disquisiciones de Lugones y Rojas no terminan de convencer, no obstante su erudición y la sagacidad de su búsqueda. Parece mucha insistencia en rastrear en las fuentes grecolatinas exclusivamente el origen de esta voz americana. Ambos omiten considerar las fuentes amerindias, si bien cabe advertir que tampoco éstas ofrecen una base absolutamente segura. En cambio hay quienes, como ya hemos dicho hacen derivar la palabra payador del quechua paclla (campesino), lo que viene otra vez a establecer relaciones con los vocablos payo y payés con  que se designa al campesino en regiones españolas, y con los argentinismos payuca, payuco, payucano. En efecto, el payador surgió en el ambiente rural. Campesinos eran los antiguos payadores, desde los gauderios que vio Concolorcorvo en el siglo XVIII, hasta los gauchos que observaron Pablo Mantegazza, Alfredo Ebelot, José Hernández y otros en el transcurso de la segunda mitad de la centuria pasada.

En México, igualmente, payo tiene el significado de campesino. Y un sentido despectivo, como también sucede en España. En cambio, en el Río de la Plata el término se reserva para designar a un tipo de rubio.

Con el nombre de payos (palabra de raíz mapuche) se conocen en la etnografía americana los indígenas que, procedentes del archipiélago de Chonos, se radicaron en Chiloé y también fueron llamados chilotas o cunchos.

Tenemos, pues, los vocablos payo y paclla, como probables generadores de la voz con que en el Río de la Plata y Chile se designa al  improvisador, músico y cantor popular campesino que, desde el último cuarto de siglo pasado, fue transformándose en trovador del ambiente urbano, pero sin desconectarse de la tradición campesina. La concurrencia de aquellos vocablos nos parece plausible y vemos así repetirse un caso de fusión hispano-indígena. Pero también nos resulta atendible la incorporación a la etimología de payador, de otra palabra amerindia; paya, que significa dos, en quechua según el registro de Malaret, en aimara según Ciro Bayo. Bien pudo llegarse de paya a payador: trovador campesino que compite con otro en el canto. Como de pareja se llegó a parejero; caballo que corre en pareja, en competencia con otro. * * Ciro Bayo atribuye aquel origen al verbo payar. El payador es un producto mestizo, y no sería difícil que mestizo fuera también el sustantivo que lo designa. Por eso hemos atendido a las dos fuentes: la grecolatina que llegó con el idioma romance e los conquistadores, y la indígena, principalmente a través de aquella lengua -la quechua- que tiene influencia en Chile y en la Argentina, tierras donde, juntamente con el Uruguay, este tipo de poeta popular se denomina payador o pallador.

Ahora bien: ¿se encuentra en la tradición cultural del área incaica algún tipo afín a nuestros payadores, alguna forma de controversia payadoresca o de improvisación poética? No lo hemos podido establecer. Solo sabemos que la poesía, la música y la danza estaban ampliamente difundidas, entrañadas en la vida indígena, ocupando anchos espacios en  la cotidianidad de los pueblos del incario; que en nuestra época hubo en las provincias del Cuzco ciertas danzas en cuyo transcurso los bailarines indios improvisaban coplas satíricas; y que, entre los naturales de la región colombiana del Guaviare, se encuentra una especie de payador y heraldo de los clanes que hasta tiene un nombre de semejanza fonética con el vocablo indagado: paiawa, pallador, payador.

De cualquier modo, creemos haber dado aquellos indicios que pueden aproximarnos a la verdadera filiación de esta voz un tanto matrera pero que está en el caracú de nuestro castellano criollo. Los especialistas, ampliando la pesquisa con sus métodos eficaces, habrán de darnos, quizá, una certeza mayor.

 

* Cf. Leopoldo Lugones: El payador, pp., 13-14, Ed. Centurión, Buenos Aires, 1944; Ricardo Rojas: Historia de la literatura argentina, I, Los gauchescos nota de la p. 222, Ed. Losada, Buenos Aires, 1948; Francisco J. Santamaría: Diccionario general de americanismos, T. II, México, 1942; Augusto Malaret: Diccionario de americanismos, pp. 633-34. Ed. Emecé, Buenos Aires, 1946; Félix Coluccio: Diccionario folklórico argentino, 1a ed., p. 143 "El Ateneo", Buenos Aires, 1948 y pp. 294-95 de la 2ª ed., "El ateneo", Buenos Aires, 1950; Tobías Garzón: Diccionario de argentinismos, pp. 363-64. Ed. Imprenta Elzeviriana, Barcelona, 1910; Ricardo Monner Sans: notas al castellano en la Argentina, p. 285, Ed. Estrada, Buenos Aires, 1944; Eleuterio F. Tiscornia: "Martín Fierro" comentado y anotado, pp. 454-55, Ed. "Coni", Buenos Aires, 1925; Saturnino Muniagurria: El guaraní, art. Payé, pp. 162-63, Ed. "Coni", Buenos Aires, 1947; Lázaro Flury: Motivos argentinos, pp. 21-23, Colección Ceibo, Buenos Aires, 1951.

** Mario A. López Osornio da otra interpretación, en la cual sigue al Dr. Rodolfo Lenz. Nos parece caprichosa y por completo desacertada, pero la incorporamos a estas referencias para que el lector la examine y establezca confrontaciones del caso: "La voz payador -dice- proviene del quechua; payapalla, recoger del suelo, es decir, hablando metafóricamente, sería el acto de levantar del suelo, como si fuera un guante, el desafío que se le hacía a un payador de que contestase en verso y con acompañamiento musical alguna pregunta" (Oro nativo, p. 52). Agreguemos, subsidiariamente, que en quechua es pallay el verbo que expresa la acción de recoger del suelo y que también significa cosecha.

En cambio, Saturnino Muniagurria, se vuelve hacia la fuente guaranítica y cree encontrar en ella la solución. Al respecto dice, sin vacilar: " De la palabra payé nació el vocablo payador. Este, por medio de la guitarra y la canción, realizaría los mismos milagros que los sacerdotes brujos con sus encantamientos". Es decir -ampliando esa explicación- el payador, era el que encantaba con la magia del canto y la música, como el payé (médico-mago-sacerdote) con sus invocaciones, ensalmos, amuletos y expedientes mágicos para comunicarse con el mundo de los espíritus. Es una ocurrencia ingeniosa expresada anteriormente por otro autor, pero que difícilmente pueda fundarse de modo convincente.