EL INGENIO POPULAR EN LAS RELACIONES

Modificado el: 25/05/2011 Imprimir PDF

Las relaciones -forma expresiva en que la copla desempeña una función especial y establece el diálogo poético; flores de gracia, intención, homenaje, requiebro, chacota o sátira que contribuyen a poner matizadas notas en el cuadro de la fiesta, en las escenas de la danza y en los juegos de los velorios de santo-, representan un papel importante en las inclinaciones poéticas de nuestra gente y en aspectos significativos de la sociabilidad popular. Enlazan en una onda comunicativa a los participantes de las ruedas fiesteras y son vehículo propicio para las travesuras del amor y el acercamiento de los corazones.

Ocupan un lugar destacado en el acervo de la poesía popular y entroncan con la tradición payadoresca. No sólo porque constituyen una forma de contrapunto, sino también porque en ocasiones son objeto de improvisación.

Aparece aquí una de las vetas del ingenio popular. Una de las modalida­des de la poesía errante que va haciendo ingresar aportes nuevos al caudal común, pues aunque surgen como fugaces expresiones del momento, suelen tener fuerza suficiente -además de su brevedad propicia a la retención- para adherirse a la memoria colectiva y desparramarse en la trasmisión oral. Conocemos en Entre Ríos algunos ejemplos de esta índole.

A la música, la danza y el canto -viejas artes que a menudo andan unidas-se agrega esta otra expresión del acervo artístico popular: la breve recitación de envite y de retruque entre las parejas del baile, en un paréntesis del mismo. "En no pocas especies de bailes -anota Joaquín V. González- se mezclan en estrecho consorcio los ejercicios del ingenio nativo, ya en la poesía con que se anima el aire musical, ya en las tiernas o picantes relaciones que en instante propicio han de dirigirse las parejas, en versos improvisados o aprendidos, que tienen toda la gracia, el color y el aroma de las flores y hierbas campestres".1

Domingo V. Lombardi anota igualmente que las relaciones dichas por las parejas en los bailes son aprendidas de memoria o improvisadas para el caso.2

En las Antillas, América Central y Sudeste de Méjico se estila en los bailes populares, en los medios campesinos, la copla improvisada que recibe el nombre de bomba.

Las relaciones (coplas que se relacionan entre sí, que constituyen proposiciones y respuestas, incidencias del eterno diálogo de la pareja esencial) estuvieron muy difundidas en el Río de la Plata, intercaladas en ciertos bailes criollos como el pericón, el gato y otros, hoy desaparecidos casi por completo en nuestro litoral fluvial, donde suele estilarse, en cambio (al menos en Entre Ríos), la ranchera con relaciones.

En este "contrapunto de amor" que se entabla a través de relaciones escogidas en el caudal de la memoria para ponerlas a tono con las circunstancias y el íntimo sentir, o a veces improvisadas respondiendo a necesidades o estímulos del momento, suelen campear el rendimiento y la ternura, la ilusión y la esperanza, los galanteos y las aquiescencias, o los celos, el despecho y el desdén, pero asimismo y con mucha insistencia un espíritu burlón y alegre, chacotón y jaranero, que desplaza sus fintas en esgrima festiva, para mayor regocijo de la reunión. Tenemos, entre innumerables ejemplos, los siguientes:

 

Me gusta la buena moza

por lo gaucha y retozona;

dígame si es que me quiere,

la voy hacer mi patrona.

 

-Soy gaucha en mi tapera,

retozona en mi tropilla,

y con un buen ñandubay

retozaría en sus costillas.

 

Ya que viene bien la vuelta

y te tengo tan cerquita,

no he de perder la ocasión

de enjaularle palomita.

-De balde te llora un ojo

y te refregás la oreja;

la palomita es ajena,

saltá nomás pulga vieja.

 

Señora doña Fulana,

flor de amapola y abrojo,

pa qué la conocería

si iba a morirme de antojo.

-Desde que te vi venir

te conocí en el escracho,

nariz de pico 'e caldera,

cachetes de iguano macho.*

 

Más no habrá de creerse que tal "contrapunto" se reduzca a esa exclusiva modalidad. El amor muestra floridas sendas. El mutuo cariño halla su expresión en justa correspondencia. O el ofertorio de la admiración varonil toma la forma de una fina galantería. Como ésta:

 

Con su permiso, señores,

voy a sacarme el sombrero

para tapar esta rosa,

que no le caiga sereno.

 

Acerca de este género poético popular y con referencia a la región  pampeana, dice Mario A. López Osornio: "La relación de dos caras o cruzada -fue denominada así porque de la copla de uno recibió l respuesta del otro en el acto-, era, en realidad, una payada efectuada entre seres de ambos sexos en la cual el hombre gozaba excitando en público la imaginación femenina y obtenía de ella los estacazos de sus palabras versificadas que herían muchas veces más que los producidos por el fierro de los hombres. Si la dama no se hallaba en condiciones de replicar, podía nombrar un personero, es decir, designar una persona de los presentes que lo hiciera por ella".3

En tales circunstancias los personeros aprovechan la coyuntura para ejercitar el humorismo o la sátira, ridiculizar al compañero de baile de la moza representada y provocar el riserío del auditorio. Los "impactos", naturalmente, son celebrados con entusiasmo. Y el acierto de las referencias del personero para calificar o caracterizar al destinatario de la relación, refuerza su éxito. Así por ejemplo cuando a un mozo lampiño que bailaba tiesito le dirigieron esta pulla:

 

¿De ande saldrá este mocito,

tan derechito y tan serio?

Me hace recordar a una vieja

rezando el quinto misterio. 

 

-Más vale una negra fea

que una morena sin gracia,

porque no quiero tener

agua tibia en la tinaja.

 

-Dende que te vi venir,

en un macho tan chunchoso,

me dijo mi corazón:

ni pa novio ni pa esposo.

  

(El personero, en la ocasión, era Ramón de la Cruz Iglesias, montielero).

También en otras oportunidades, al margen de los bailes, solían surgir de pronto las relaciones en intencionado chisporroteo, cuando la ocasión era propicia. Pondremos aquí como caso ilustrativo el siguiente pasaje:

En un almacén de Luis Rebosio, que existió varias décadas atrás en las afueras de Victoria, se había reunido un grupo de troperos que estaban sacando hacienda de las islas. En momentos en que una buena moza -Rosa Rebosio, hija del almacenero- entraba al local, Domingo Mazzoletti, un "italiano acriollado", le dirigió la siguiente relación:

 

En los jardines de Diana

está una rosa en botón;

consérvate siempre rosa

si te querés llamar flor.

 

Hallábase allí haciendo sus pequeñas compras una vieja criolla, Dolores Garcilazo, quien actuando espontáneamente como personera de la linda Rosa disparó esta réplica:

 

Mi madre tenía un lorito

que no lo quería vender;

tenía un refrán que decía:

apróntate que has de oler.

 

Tan oportuna y contundente respuesta halló en los oyentes un eco instantáneo y amplio. La relación de doña Dolores fue ruidosamente festejada. Pero los hombres allí reunidos no se contentaron con aplaudir tan sólo. A las expresiones de regocijo y aprobación, añadieron diversos regalos. Consideraron que tal rasgo espiritual y poético bien merecía ese premio.4

Existen también las relaciones de "romper bailes". Coplas "demasiado cargadas" que pasan a ser ofensas o avivan viejos resentimientos y hacen estallar la reyerta. Sobre todo si sobreviene alguna circunstancia desfavorable, se crea cierta tensión en el ambiente de la fiesta, andan en juego algunas copas agresivas y alguna pollera atravesada entre la copla y el cuchillo. En esos casos no precisa mucho para que se arme el bochinche, aunque junto a los ganosos de "estirar las venas" no faltan otros más serenos, dispuestos a evitar que "se corten al ñudo".

A veces es el dueño de casa el que considera que se le ha faltado al respeto con una salida de tono; o aquello de: "me gusta querer lo ajeno aunque el dueño esté mirando", dicho a una moza de amores entreverados, provoca la reacción violenta del aludido; o alguien sale a campear por los respetos de una dama a quien se le ha dirigido una relación muy "bandiada". Como esta, por ejemplo:

 

Yo te quisiera pedir,

pero no la bendición,

sino eso que tiene la cincha

por donde pasa el corrían,

 

Hemos oído esta relación -pero no en bailes, sino entre referencias rememorativas- en los departamentos de Victoria y Nogoyá, en la provincia de Entre Ríos. También en el departamento Nogoyá se registró una de las improvisaciones que recordamos. Fue en un baile de casamiento, en Crucecitas 3º. Un travieso había sacado a bailar a una mujer medio vejancona y medio renga y, llegado el momento de la relación, improvisó la siguiente, inventando de paso un santo criollo para que lo ayudara a salir del trance que le proporcionara la rima:

 

Viniendo de Santa Fe,

encontré un San Perico.

¡Qué tendrá esta bocha

que no se quiere arrimar al chico!

 

Ese es el espíritu que campea en nuestra poesía popular y nos permite advertir que el signo espiritual de nuestro pueblo no se ha forjado en el imperio de lo triste. Por duras que sean las condiciones en que se lo obliga a vivir, no se deja achatar por la tristeza.

De esta misma inagotable fuente, con la alegría heroica del diario triunfa  sobre el dolor, surgen las voces, ya con otro acento y otro contenido, que están haciendo vibrar en el viento del mundo la gran sinfonía revolucionaria de los tiempos actuales.

 

 

1- Joaquín V. González; Ritmo y línea, p. 159, Buenos Aires, 1933.

2- En Folklore y Tradición, antología argentina, selección y notas julio
Díaz Usandivaras y Julio Carlos Díaz Usandivaras, p. 243, Buenos Aires, 1953.

*Las relaciones que ilustran este capítulo fueron, en su mayoría, recogidas en la provincia de Entre Ríos; otras se hallan difundidas en casi todo el país y no faltan algunas de procedencia española que nuestro pueblo adoptó y adaptó. Pero en toda América pueden encontrarse expresiones análogas, como este ejemplo del torbellino, baile colombiano con "tiroteo de coplas":

 (Ricardo Rocha G.: La Patasola, en Folklore de las Américas, de Félix Coluccio, p. 136).

3- Mario A López Osornio: Oro nativo, pp. 58-59, Buenos Aires, 1945.

4- Inf. doña María Minoli de Román, nativa de Victoria y fallecida en la misma ciudad en 1953 a la edad de 80 años.