ENTREVISTA A ISIDORO BLAISTEN (FRAGMENTOS)

Modificado el: 22/05/2011 Imprimir PDF

La fiera ruge y el angel canta:

 

 -¿Cuáles son las comidas que más le gustan?

-Las que traen recuerdos, recuerdos de infancia: el asado y Entre Ríos, las empanadas y el 25 de mayo, las tortas fritas y la lluvia, el chocolate y los cumpleaños.  De chico me tenía intrigado una propaganda que salía en la contratapa de la revistaChabela, que era la revista que compraban mis hermanas; el slogan decía “sabe a gloria”.  Yo miraba y miraba la nena que mordía la salchicha, miraba la leyenda y no entendía.  Confundía el sabor con el saber.  Después comprendí que entre las dos cosas está el recuerdo.  También comprendí por qué a Proust le bastó mojar una magdalena en una taza de tilo para que de golpe cierto olor, cierto sabor de infancia le desatara el recuerdo, le hiciera desandar el tiempo perdido, iniciar su búsqueda.

 

-Usted habla poco de Entre Ríos. ¿Por qué?

-Nací en Concordia pero vine a Buenos Aires de muy chico.  Mi padre había muerto; yo vivía con mi madre y mis hermanos en un conventillo de la calle Pringles.  Resulta que éramos muy pobres.  En la escuela regalaban tricotas para los chicos de pocos recursos económicos; de esas tricotas altas, como las que usaba Petrone en Todo un hombre.  En el patio había una gran mesa con ropa, y entonces el director dijo: “los chicos pobres que den un paso al frente”.   Yo no lo di, intuía algo humillante.  Además, la tricota era ordinaria, de baja estofa.  Cuando volví a casa, conté lo que había hecho y mi madre me pegó.  Al otro día mi hermana Anita me acompañó a la escuela y me llevó a la dirección.  El director me dijo: “¿Cómo hacés una cosa así? ¡Sos un salame!” Ese recuerdo tengo. El único.  Los analistas que pasaron por mi vida dicen que no puede ser, que uno tiene recuerdos desde el útero materno.  Pero yo tengo todo borrado.  Una resistencia que no puedo vencer.  Quizás todo empezó cuando yo tenía diez años, cuando murió mi madre.  Es como decir antes y después de Cristo.  Cuando murió mi madre yo estaba jugando a la pelota.  Al volver a casa ya estaba muerta.  Creo que ahí empezó la culpa, o quizás el olvido…

 

-¿Y Ud. Qué hacía?

-Fui fotógrafo de plaza, vendedor de bromuros coloreados, corredor de un aparato vibromasajeador y librero.  Así pasaba las horas que podría haber dedicado a escribir.  Pero un día me di cuenta de que sin dibujar y sin pintar, pese a que prometía bastante, podía vivir.  Pero sin escribir no.  Mark Twain decía: “Mi padre tenía angustia y bebía; yo tengo angustia y escribo”.  Si yo supiera que hay otro remedio menos angustiante para la angustia…La literatura se hace a pesar de uno.  En mi familia siempre pensaron que lo que yo hacía era una locura.  Me casé con una mujer que me decía: “Esos papelitos que vos escribís” y me tiraba las hojas al suelo.  Una noche estaba durmiendo; de pronto me despierto con un extraño ruido.  Era ella que estaba leyendo las cosas que yo escribía.  Pero de día seguía igual: “por qué no le comprás zapatitos a la nena”, “sos un degenerado, vos y tus amigotes”, “todas las mujeres que te llaman son putas…” Y yo le decía: “no, escuchame, todas no, algunas sí”. Todo ese tipo de cosas, ¿no?  Es curioso, la mujer busca el Mercedes Benz y el poeta.  Cuando tiene el poeta, le amarga la vida porque no le da un Mercedes Benz, y cuando tiene el Mercedes Benz añora al poeta.

           

-¿Se casó acá?

-No.  Volví a Entre Ríos para casarme.  Me casé en un pueblito que se llama Villa Clara.  Al llegar tuvimos que bajar del tren por el otro lado, el que daba a las vías, del otro lado del andén.  Todos los postigos se abrían a mi paso por la calle principal y todo el mundo miraba.  Era todo un acontecimiento. Mi mayor orgullo es figurar en la Guía Turística de Entre Ríos con esta frase: “los inquietantes relatos de Isidoro Blaisten…”

           

-Pero en esa época todavía no escribía cuentos.         

-Escribía poesía. Sigo escribiendo.  Escribí varios libros de poemas que no voy a publicar nunca.

 

-Y su libro de poemas “Sucedió en la lluvia”, ¿fue una etapa más?

-Fue una etapa más o menos.  Fue una etapa más porque el tiempo pasó y yo no soy más aquel muchacho oscuro, ahora soy un hombre, un cuasi viejo oscuro, Fue una etapa menos porque el tiempo con sus mudanzas se quedó ahí. ¿Qué quiere decir se quedó ahí?  Quiere decir que el tiempo con sus mudanzas se quedó colgado del tiempo, como un opa, en un rincón de lástima.

…-De todos modos pienso que la poesía está por encima de la literatura.  Que es algo aparte de la literatura.  Para mí es una especie de categoría que rige todas las cosas.  Envidio a los poetas.  De todos los seres humanos prestigio al poeta.  Los poetas son un mundo aparte.  La poesía es un mundo aparte y yo envidio a los poetas por su coraje.  Toda la belleza pasa por lo poético.  La belleza de un cuento pasa por lo poético.  Yo me conozco y sé que puede ser tremendamente desaforado.  La poesía es una desmesura.  Todo arte lo es.  Pero el cuento contiene.  Es un género de maniáticos y relojeros, un género muy rebelde pero que obliga a establecer límites…dijo Faulkner cuando recibió el premio Nobel: “Yo soy un poeta fracasado.   Es posible que todos los escritores empiecen deseando escribir poesía y que, cuando se dan cuenta de su incapacidad para hacerlo, ensayen el cuento, que es la forma literaria más exigente después de la poesía.  Y cuando fracasan también en el cuento es cuando se lanzan a escribir novelas”.

      

-Festina lente, que falta Rasputín.  ¿Puedo crear una atmósfera?

-Si es corta sí.

-Soy Rasputín.  Soy alto y místico.  La cabeza erguida.  No tengo que bicicletear cobradores.  La barba en punta hacia lo alto.  Las adolescentes peinadas en bandó se arrodillan ante mí.  Visten largos vestidos de la belle époque.  Por los ventanales ovales entra el último sol de la tarde.  Los vitreaux se desdibujan oblicuos sobre los grandes mosaicos.  Estamos en San Petersburgo. Soy el gran desvestidor de adolescentes.  Desde  lo alto el viejito Onetti me guiña un ojo.  El vestido de  terciopelo azul imperio va cayendo.  Soy Rasputín y pienso: “Proust las viste y yo las desvisto”.  La luz se se ha desgastado sobre los hombros mórbidos.  Los hombros mórbidos se vuelven ocre, después escarlata.  La vida se detiene en una sola gota de sangre.  Un ruiseñor está por cantar.  Mi mano va bajando por el cuello...¿Sigo?

-Pare la mano.

 

Del libro “ANTI-CONFERENCIAS”, Emecé, Bs.As., 1983.