DIARIO UNO DE ENTRE RÍOS, 11.12.2009

Modificado el: 19/03/2012 Imprimir PDF

Artigas vive, y es de novela

Los Artigas, novela ganadora del Premio Escenario 2009, es una rara y magnífica combinación de historia y ficción. Su autor, Francisco Senegaglia, dialogó con La Isla acerca de esta aventura literaria y de otros aspectos ligados a su quehacer. 
 
“La historia ha sido para mí una temprana preocupación, que con el tiempo se transformó en ocupación. La historia y sobre todo las historias, los relatos. Y de éstos, las vivencias, la posibilidad de pensar y repensar las vivencias. (Finalmente la ocupación del psicoanalista es ésa: trabajar con la historia de los sujetos y sus vivencias, otorgando a la palabra esa capacidad de reconstrucción que le es inherente). 
—¿Por qué Artigas? 
—Artigas es un hombre que abre la historia desde distintos tópicos: el político, el estratega militar, el visionario, el padre, el hijo, el constructor de un sueño, el estadista, la lista es interminable. Pero todos esos Artigas se fundan en su propia historia personal. El patricio criado por los negros, el gaucho viviendo con los gauchos, el indio viviendo con los indios. Es decir, su propio sincretismo cultural no aprendido sino vivido funda su particularísima mirada sobre América. La polifacética vida política de Artigas se funda en la polifacética historia personal de Artigas, y su visión genuina y original como tal vez nunca se haya alcanzado de América, reside en su propia historia personal. Había vivido en todos esos mundos, por eso él era todos esos mundos juntos. Él encarnaba la América posible; él en su propia historia.
Su concepción de la libertad, de la diferencia entre iguales, su concepto de república como derecho inalienable de los pueblos y comunidades a determinarse, y a definirse como repúblicas hermanas en el ideal federal, la distribución de tierras de manera igualitaria empezando por los mas desposeídos, la educación pública para todos, la libertad religiosa –impensable en su época– es sin duda la concepción de América como una América multiétnica que aún hoy se discute. 
Esto me enseñó Artigas, me mostró Artigas. Y escribir esta novela fue una consecuencia de ese aprendizaje y de esa experiencia, porque definitivamente para mí la literatura es un experiencia. La novela se trama sobre la pregunta: ¿Quién es Artigas y qué es ser Artigas? Hay un saber sobre la gloria difícil de descubrir, –sostiene William Faulkner– cómo la consiguen los hombres, y cómo la soportan después de conseguirla, y cómo otras personas viven después con ellos, y cómo viven ellos después con el después. Artigas es una respuesta al acertijo de Faulkner: en la selva, en el exilio, en el anonimato. Mi trabajo no es una novela histórica. La trama no va en busca de los hechos históricos en sí. Mas bien va en busca de los hombres que hacen la historia. Del Artigas que hace la historia. José Maria es un hijo inicialmente desaprensivo e indiferente frente a su padre. Pero cuando la memoria y los hechos lo interpelan sale en búsqueda del hombre, del padre, y finalmente se encuentra con la historia. Es una ficción, porque busca una mirada interpretante de la subjetividad de dos hombres en medio de las contiendas libertarias. José Maria tuvo que correr el mito para encontrarse con su padre, y cuando lo encontró, pudo ver el mito, vivirlo. Ver a través de esas búsquedas a los hombres que han fundado nuestras raíces y nos han dejado su sangre y sus ideales –a los que se puede adherir o no–, nos da continuidad, pertenencia. Nos hace parte de la historia. Artigas no está en el bronce, está en sus ideas, y tal vez celebrar esas ideas nos permita reencontrarnos con nuestros valores. Por eso tal vez… Los Artigas.
—¿Vas a seguir con los personajes históricos?
—Dos de las tres novelas siguientes mías tienen protagonistas históricos, o hechos históricos de fondo que promueven la visualización de los hombres que hacen la historia y la pregunta es siempre porqué quieren hacer la historia, porqué imaginan que es posible el cambio de rumbo y cómo imaginan un destino diferente, por lo cual no es casual que mis personajes estén atrapados en la historia y que yo los provoque para saber cómo van a inervarla, a protagonizarla, a escribirla. 
Ahora estoy trabajando en una novela que de alguna forma continúa la temática de Los Artigas. Las otras dos son diferentes en su desenvolvimiento, pero se sostienen en las preguntas que les hago a mis personajes. Origen y destino se mete con el periodo 60/70, y “Palo y a la bolsa con los 90. Espero que puedan ver la luz en el 2010. Mis otros trabajos literarios son básicamente poesía, y algunos muy anteriores a mi producción narrativa. Escribía más bien como una necesidad personal, y no imaginaba publicarlos. Pero a principio de año salió mi primer trabajo que se intitula La desesperación. Hay otros, pero quiero ver qué me pasa con este libro.
—La carta de Artigas a López que aparece en el libro, ¿es apócrifa? 
—La carta de Artigas a López no existe. Es pura ficción. Es mi interpretación de una pregunta que le hago a la memoria de Artigas. Por qué treinta años de exilio después de haber sido el más esclarecido de los protagonistas de las luchas de la independencia. Me conmueve el silencio de Artigas, quiero entender ese silencio. Esa carta es mi conclusión. No es arbitraria, no lo es en el sentido de infundada. Creo comprender algo de lo que ha vivido y supongo que ésta es una buena razón para entender su exilio. 
Sí hay una carta que me inspira, y que es la que le manda Artigas a Ramírez cuando se entera del acuerdo secreto del Pilar después de Cepeda. Una carta terrible y conmovedora, que se convertirá en el último documento público de Artigas. Allí Artigas se muestra indignado, pero detrás de su indignación se ve al padre traicionado por su hijo, decepcionado y atormentado por una actitud que lo sorprende. La fuente es Vicente Fidel López en Historia Argentina.
—¿Te reconocés en escritores en tu manera de plantear el texto?
—Todo escritor es indiscutiblemente un deudor. Y elegir algún autor siempre va a ser injusto, por dos razones fundamentales. En primer lugar porque tal vez quien más te haya marcado es a quien tenés menos presente, casi como nos sucede en nuestra constitución psíquica. Les debemos tanto a personas que no tenemos presente, y sin embargo nos han fundado. Y segundo que quien fue importante en un momento de la vida no lo es en otro, porque las necesidades que tenía hace unos años no son las mismas que tengo hoy y sin embargo a todos les debo. Hecha esta salvedad, me gusta como escribe Sandor Marai. He leído todo lo que ha escrito y lo vuelvo a releer. He tenido periodos parecidos con George Simenon y con Carlos Fuentes.
Una novela que me ha conmovido profundamente es Almas grises de Philipe Claudel, y siempre leo sistemáticamente a Milán Kundera. Tal vez la novela que más me conmovió en mi juventud fue Los hermanos Karamazov de Dotoieswky. 
Tuve un largo periodo de apasionamiento por Horacio Quiroga. Algo parecido me pasó con la poesía de Neruda y César Vallejos, aunque en los últimos años leo compulsivamente a Pizarnik y a Juan L. Ortiz. Mi formación adolescente fue sin duda clásica: Homero, Tito Livio, Plutarco, Julio César, Horacio, y sobre todo Platón, al que todavía retorno, e incluso cuando alguien me pide que le recomiende lectura para aflojar la mano y escribir, lo mando a leer El Fedón o El Banquete. 
Y en cuanto a mí como escritor, si asocio libremente te diría que escribo como un cura: predicando.
Los Artigas fue escrita en un año. Pero el rastreo es muy anterior, antes de saber que iba a escribir sobre el tema. Después se formalizó en un texto que yo había definido como la traición. De ese primer borrador decantó Los Artigas. La construcción de un libro lleva un tiempo determinado, pero el editor ingresa allí a cumplir un papel muy importante. Mi editora Celina Artigas ha tenido un papel sustantivo en la corrección y crítica del texto. El trabajo de un editor queda siempre en la sombra, pero su lugar es esencial a la hora de definir un texto. 
—¿Cómo es tu cocina de escritura?
—Escribir y leer son casi un mismo acto. Y casi una definición clínica el modo en que cada uno se dispone a hacerlo. Yo leo varios libros a la vez y escribo varias cosas a la vez. Tengo siempre algún libro en la mochila para la cola del banco o el colectivo, en la mesa de luz otro, en el comedor, en el consultorio. Y no me muevo sin un anotador: lo que se me ocurre escribo. A la noche repaso el día y transcribo notas, ideas, avanzo sobre un capítulo, corrijo o podo cosas escritas. Escribo todos los días poco o mucho –depende de mi estado anímico– pero siempre y mas bien de forma desordenada. No me gusta el orden ni la constancia por la constancia. Soy desordenado. El orden –al menos en estas actividades– me parece un maquillaje, siento que me necrosaría. Mas bien disfruto de revolotear sobre las ideas. Normalmente los fines de semana con más tiempo sistematizo lo que produzco y formalizo un cuento, un poema o un capítulo. Pero hay semanas más oscuras y días mas lúcidos y acepto mis vivencias sin pedirme o exigirme nada. Cuando algo esta maduro me doy cuenta sin darme cuenta.
Hace dos años renuncie a varias actividades académicas y políticas y casi como sin querer me puse a escribir para publicar. En el medio había inaugurado una experiencia rara para mí que fue hacer cine, un leguaje desconocido pero con una vitalidad que me desconcertó tanto como que me descontracturó. 
Los Artigas empezó a recorrer varias editoriales, pero decidí finalmente con Azulpluma, un pequeño grupo editorial que tiene en estima el trabajo artesanal y personalizado. Ellos mismo se definen como artistas que trabajan a contrapelo del mercado buscando el libro y no el negocio. Eso me encantó y terminé trabajando con ellos.
 
Padre y patria
 
El tema nos lleva ahora a preguntarle a Francisco cuánto hay de autorreferencial en Los Artigas. 
“Esta pregunta no es difícil, pero duele y mucho. Todo escritor habla de sí. Y de las habitaciones existenciales en la que se constituye. Puede empezar por la cocina, por la sala de estar o por el baño. Algunos empiezan por la cama. No importa. Todos hablan desde sus espacios fundacionales, y la voz primaria –la del niño que llora en nosotros– lleva la pluma a lugares desconcertantes pero siempre auténticos aunque se nieguen. Por eso Kundera dice que escribir es jugar y yo suscribo. Y juega el niño que hemos sido y que nunca nos abandonará. Los modos en que se encara la escritura pueden estar más o menos maquillados pero sin duda un sujeto habla de lo que tiene elaborado (el concepto de levedad de Italo Calvino), o lo siniestro no superado; escribe el niño que no ha superado determinadas cuestiones, o que aún no ha respondido preguntas vitales de su infancia. Pienso en ese sentido que la poesía te desnuda y la novela te desviste. Porque la narrativa abre el juego, y podes ser Artigas, José Maria, Pancho Ramírez y Rivera. Pero un poema te deja en bolas: sos lo que decís y sobre todo lo que no decís.
Bueno yo empecé por mi padre, por no saber qué hacer con su ausencia y por ponerle palabras a esa ausencia, y por reconstruirlo a partir de los datos que tenía. Tuve que pensarlo sin él, preguntar por mí y responder por él. José María es un espejo que sigue mirándome en la distancia del relato y de mi propia ficción. Y a la búsqueda del padre se asocia irremediablemente la búsqueda de la patria. Tanto como que padre remite a patria. Encontrar al padre es encontrar las raíces y la patria misma. Los valores, los ideales y las razones para vivir y morir. Al menos, es lo que puedo decir de mi trabajo, seguramente otros podrán decir otras cosas que yo no veo, y como todo libro es público, el valor de esas miradas será genuino.
 
Senegaglia dice
 
“Somos hijos de una generación que ha sufrido una lobotomía cultural muy fuerte. La caída de los ideales, la pérdida del sentido comunitario de la existencia, la despoetización del mundo, el solipsismo escleorotizante que hace que algunos hombres de otros tiempos estén tan lejos de nosotros, cuando en realidad los problemas que enfrentaban eran tal vez mucho mas difíciles que los que enfrentamos nosotros. Entonces yo les pregunto a esos hombres cómo militaban sus convicciones, que sentían y porqué consideraban que valía la pena morir por un ideal. Cómo fue posible un Artigas en un mundo injusto como el nuestro, como fue posible un Andresito Guacurarí entre tantos. Les pregunto y me pregunto qué nos pasa. Creo que no es casual mi elección”.
 
Perfil de autor
 
Francisco Antonio Senegaglia nació en Concordia en 1967. Es psicoanalista, ensayista en temas de psicología política e historia y productor de cine. Estudió filosofía, teología, psicología y ciencias políticas.
Ha enseñado psicología en la Universidad Nacional de La Plata. Ha desempeñado funciones en instituciones como el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires(presidente), el Ministerio de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires(Secretario Académico), el Ministerio del Interior de la Nación(Secretario Académico), Naciones Unidas (consultor experto)y APDH (consejo de presidencia).
Los Artigas es su primera novela. Ha escrito, además, otras dos novelas y tres volúmenes de poesías, que aún permanecen inéditas.