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25/03/2013 - NUEVO LIBRO DE FERNANDO CALLERO

Narraciones en tránsito

Por Beatriz Vignoli, para Rosario/12, 20-03-2013

El libro de Fernando Callero inaugura (en la serie Diásporas) el catálogo de la nueva editorial Erizo Editora. Sus textos son los de un viaje protagonizado por cuerpos que andan, se cansan, comen y buscan droga, sexo y cerveza fría.

El viaje es más que un tema. Es la condición misma de la escritura en la obra del escritor, crítico, poeta y músico Fernando Callero (Concordia, provincia de Entre Ríos, 1971), al menos cuando de prosa narrativa extensa se trata. Hace unos años Callero escribió en Santo Tomé (Provincia de Santa Fe), a su regreso de Ibiza, su novela El espíritu del joven Borja (Bajo la Luna, 2008). La pensó como un combo de texto y dibujos que incluían hasta el plano de un barco. Traídos al inconsciente como actores ebrios que intentan clasificar aquel libro de ficción, sus editores protagonizan una breve pesadilla en la mente del viajero dormido en su nuevo libro, donde Callero se atiene al "régimen del género diario de viaje". Y se da el gusto de incluir dibujos, trazados on the road por un compañero de aventuras: Ponchi (Alfonso Insaurralde), reconocido artista santafesino contemporáneo.

Realizado con el apoyo del Programa Espacio Santafesino del Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe (Convocatoria 2012), Diarios de viaje. (Bolivia﷓Perú﷓Ecuador), de Fernando Callero, es el libro que inaugura (en la serie Diásporas) el catálogo de la nueva editorial Erizo Editora, de Gervasio Monchietti y Lucas Collosa. Su autor lo define así: "Este es un libro de narraciones en viaje. La verdad no es precisamente su objeto, sino la aventura. Una vez en casa, no hice más que tipear los manuscritos con la ayuda de mi amiga Mercedes Fernández, la increíble Poli. No obstante eso, tuve cierta preocupación por apuntar datos específicos de los que otros viajeros podrán sacar provecho, en su mayoría referidos a precios, rutas, alojamientos, y otros datos puntuales...".

En Callero, el viaje, "artesanal" e "independiente", es también expedición, trazado de una cartografía para viajeros futuros. Es un viaje protagonizado por cuerpos que andan, se cansan, comen y buscan droga, sexo y cerveza fría. Los viajeros se soportan entre sí, se apiadan de los niños pobres (pero se apiadan de verdad: sufren) o bien escriben en la modalidad "adaptar texto a trayecto". El espejo de marco barroco les devuelve una imagen despiadada de sí mismos: "Potosí, y toda Bolivia en general, está atiborrada de argentinos medio pelo que venimos a darnos la gran vida, adoptando diferentes formatos de pelotudez: el guevarista, el místico drogón, el saltimbanqui, el drogón a secas".

La mirada extrañada entrega algo más profundo que una postal: en Quito, "La gente es sumisa y esquiva. Tienen miedo de ser interpelados". Viajar es aquí una técnica de cocción de uno mismo que sirve para que la poesía estalle como metáfora (a un objeto kitsch, el puente del amor, "se sube y se desciende por un mismo lado porque el otro da a un precipicio") o en pura imagen: "Pasto verde en lacios mechones y un trebolito oscuro y florecido cubre la montaña envuelta en sábanas de neblina. Aparecen puntos pardos, huidizos. Son liebres difíciles de fotografiar. [...] El teleférico se detiene y bajamos en Irlanda-

Entrevista al autor por este libro en Letra Cosmos.