LO QUE ANIDA EN EL SILENCIO, A PROPÓSITO DE MARATÓN DROMEDARIA, POR RICARDO COSTA

LO QUE ANIDA EN EL SILENCIO

A propósito de Maratón dromedaria, de Hernán Lasque [1]

 

                                             Por RICARDO COSTA

 

   Ser arte y parte de una maratón es asumir desde el vamos un compromiso de largo aliento, un esfuerzo por alcanzar una meta que, en principio, no alcanza a divisarse, pero que sabemos que está allí, remota, al límite de la resistencia humana. En el caso del sujeto que se pronuncia y avanza por las páginas de Maratón dromedaria, es necesario plantear que nos hallamos ante un acontecer poéticamente avasallante, donde la voz conducente va concatenando las partes del discurso, a medida que el devenir de imágenes traza la hoja de ruta.

  Si bien este nuevo libro de Hernán Lasque está estructurado en una suerte de prólogo: Arenga, más tres partes constitutivas; Hall, Jam y Álalun, el corpus de la obra responde a un único discurso lírico. Vale decir, a un único poema, cuya tensión rítmica abona la marcha que el autor bien sabe poner en vilo, respecto de quien deja guiarse por el abanico de imágenes que ofrece la lectura en cuestión.

  El caos, la puesta en vilo, la invitación a compartir dicha maratón, sobrevienen previo a la partida, un par de páginas antes de ingresar a Hall, debido a que un anuncio de inquietud es advertido por uno de los referentes que cita el triple epígrafe de la obra: Toda alma es un nudo rítmico, S. Mallarmé. Enunciado más que adecuado para poner en situación crítica a la/el eventual lectora/or, en cuanto a lo que podría depararle la letra por venir.

  Ahora bien ¿dónde se hace evidente el apriete de la atadura que condiciona rítmicamente al sujeto que enuncia? Naturalmente, en el dulce castigo que arrastran los hallazgos que el poeta dispone a través del lenguaje. Porque, amén del amarre que podría padecer el alma en esta contienda, el deslumbre de la metáfora y el contrapunto de tropos retóricos abren un abanico secuencial que da vuelo a la maratón de marras. Cito:

 

la oreja puesta en la luminosa lluvia de los aleros / sopesando a ojo las plantas eléctricas de verde (p.17)

Que suene a centro tonal barítono / importa dos teclas / dos cuerdas / dos martillitos adentro (p. 27)

Ayer tiempo es en agosto / dispuesto en la paleta al ocre de unas flores / para por única vez / pintar (p.25) 

atrás la casa luce encendida y adentro tan lejos tan ellos tan / todos en tanto / que no saben ni se enteran ya que tampoco podría verlo (p.53)

 

  En consecuencia, recurrir a la alteración sintáctica y al regodeo de la aliteración: Pechito chiflador /pechito de paloma (p.17) la caravana / camarada / la caravana (p.35), no atenta contra la originalidad y las virtudes de la obra. Al contrario, estos artilugios retóricos le imprimen al poema un animado pulso que hace fiable la solidez de la pieza compuesta.

  Pero es en Plástica bilis, texto medular de la tercera parte del libro (Álalun) y de la obra toda, donde el poeta pugna por encumbrar el momento más logrado de Maratón dromedaria. Allí, Lasque, deja que la palabra se desprenda de la etapa ya recorrida y se vuelva maleable, ágil, para devenirse en movimiento puro:

 

                                     La bolsa trepa una pendiente invisible.

                                    La ventana del primer piso no cierra completa y en su

                                   costado entreabierto la tela tiembla (p.49).

 

 El objeto visual elegido para elevar el clímax del poema y hacer palpable el punctum de su trabajo es una bolsa, la cual, animada e insuflada por el viento, suma protagonismo a la evolución paisajista que enmarca la maratón. En estas líneas, Lasque, despliega morosamente el gesto animista que proporciona el objeto en su aventura aérea, a fin de que nosotros, testigos de la cotidianeidad más rústica y urbana, contemplemos la puesta de un escenario engañosamente deshumanizado y, al mismo tiempo, cargado de finitud a manos de la letanía del tiempo; efecto regidor y determinante en el horizonte de vida de cualquier mortal.

    Toda/o poeta -o narradora/or- es indefectiblemente legataria/o de la sombra que le impone la intertextualidad a su tarea creativa.  Imponderable que la/lo pone a prueba cada vez que este/a define una nueva figura sobre el papel. Ello hace que cada obra brille por los acertados tintes de tal efecto y, con todo, derive en giros que pongan de relieve la voz tutelar que se construye en tiempo y forma.

   En el caso de Maratón dromedaria, me tomo el atrevimiento de advertir un esporádico y lejano eco creacionista, huidobriano por demás, el que flota junto a la atmósfera que rodea la obra de Hernán Lasque; eco apenas audible en el uso de acotados recursos trópicos. Hablo de un ligerísimo sesgo intertextual que nutre al poema y lo vuelve distintivo en el summum coral que cunde actualmente en el campo literario que crece por estas latitudes.

  Así, como el sujeto que nos interpela en los preliminares de esta obra, Maratón dromedaria hace elocuente esta premisa en la medida que el hiato disruptivo que la encauza es, de hecho, la forma festiva que poetiza la anarquía de la sintaxis:

 

                                  Decir nací dos veces a la lengua

                                arrojado de la sintaxis a la forma

                               que no es sino aquella

                              que para sí       otra

                             se decide (p 15)

 

  Una estrategia sagaz para seducir aquellas almas que pugnan por desanudar lo que un poeta tenaz y dromedario con el lenguaje puede prometer sin esperar nada a cambio. Tal cual lo encubre el silencio que niega la poesía, la luz que se huele en lo oscuro, la meta que se desea allá lejos, donde anida la pregunta que nunca se alcanza.

 

Ricardo Costa. Neuquén, abril 2020

     

 

 RICARDO COSTA es escritor y docente. Reside en Neuquén, Patagonia Argentina. Entre otros títulos de poesía, ha publicado: Teatro teorema (Premio Fundación Antorchas 1996. Ed. Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1996); Danza curva (Premio Fondo Nacional de las Artes 1998. Ed. Del Dock, Bs. As 1999); Veda negra (Ed. Del Dock, Bs. As 2001. Tercer Premio Neruda de Poesía. Temuco, Chile 2000. Ed. Del Dock, Bs. As 2001); Mundo crudo, Patagonia Satori (Premio Internacional de Poesía Macedonio Palomino para obra publicada, México 2008. Ed. Limón, Neuquén, 2005); Fenómeno natural (Premio Nacional de Poesía Javier Adúriz 2012. CEDIC, Buenos Aires 2012) y Crónica menor. Antología mezquina (Ediciones con DobleZZ, Neuquén 2015).

  En cuanto a ensayo, ha hecho lo propio bajo los títulos: Un referente fundacional (Ed. El Suri Porfiado, Bs. As, 2007) y Formar Escritores Para Formar Lectores (Ediciones de La Grieta. San Martín de los Andes, 2019).

 En género novela, ha publicado:  Fauna terca (Ed. El Suri Porfiado, Bs. As, 2011) y Todos tus huesos apuntan al cielo (Premio Internacional de novela Avilés Fabila, México, 2019. Editorial Ink).

 

 

[1] LASQUE, Hernán. Maratón dromedaria. Leviatán. Buenos Aires, 2019.