CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA POLICIAL SIN ATARSE A LAS CONVENCIONES DEL GÉNERO, POR MARCELO LEITES


“La venganza del Pulga” (2023) de Fernando Belottini es una novela que narra la historia del policía Raúl Paz, alias el Pulga, que es negro, petiso y feo -según lo describe uno de sus compañeros-

Hay un incidente en un bar, donde está Paz, quien oye unos disparos cerca de la caja, entonces saca su arma y dispara (medio al boleo, había estado tomando), luego pierde el conocimiento; después en el Hospital, el Comisario lo felicita por haber impedido el robo; pero le dice que había muerto su media hermana (drogadicta) y Mario Ponce, dueño de un bar de la Ruta 3. Paz, aunque no fue el autor de la muerte de Belén (quien la mató fue otro personaje, Rodrigo Argüello, ex novio de Belén; esto se lee más adelante),

El comisario Ferro le habló a Paz incluso “de una condecoración y lo eximió de toda culpa por las dos muertes “

Luego, a pesar de que el perito le dice que desde la posición en la que él estaba era casi imposible haber sido el autor de los disparos,

Paz igual se siente culpable; tal es así que la novela comienza con el testimonio policial, con el mismo lenguaje leguleyo que se utiliza habitualmente en la policía; allí Paz se denuncia a sí mismo y a la red de corrupción que envuelve a la Comisaría. La pérdida de su hermana vendría a ser uno de los elementos que mueven la acción principal: la búsqueda de Paz -insistente, obsesiva- del asesino. También hay otros personajes, algunos entrañables, como el Gordo García, que lo apoya emocionalmente.  

“Donde todo está torcido, hacer lo que corresponde es una locura, pensó Paz-. Y, en lugar de darle la denuncia a un fiscal, la guardó bajo llave en el escritorio”.

La novela continúa con unas cuantas peripecias más naturalmente, pero me parece importante señalar por qué creo que esta novela va más allá de una novela policial convencional. En esta novela las fronteras entre el bien y el mal se diluyen. El héroe es un antihéroe.

La corrupción del sistema policial y judicial se han naturalizado. El protagonista mismo, Paz, a quien se creía un modelo de ética; cuando el Gordo García va a vivir a su casa no lo puede creer, y le dice: “Pulga, yo siempre creí que vos eras un tipo honesto. Un tipo humilde, respetable, ¿Qué te pasó?

-Mi señora no era fácil, Gordo, y mi vieja estaba en la lona. Un día Ferro me dijo que me necesitaban y…

-Y así nomás entregaste el rosquete…No sos más pajero porque no podés. ¿No fuiste a la Academia vos? ¿Lo único que aprendiste es a redactar esos sumarios de mierda? Nosotros somos policías, Pulga, servidores públicos, debemos estar del lado de los buenos, la gente confía en nosotros…”

Siempre hay algún policía que se salva, ¿no? Volviendo a la obra en sí, reitero que resulta muy original una novela policial que no se apoye en las convenciones del género, tipo Chandler , Marlowe, sino que mediante cambios de registros (diálogos, testimonios) y un lenguaje realista que no se aparta ni un milímetro de su personaje principal; así Paz, el Sumariante, como insiste en llamarlo su autor, se convierte en un personaje muy querible para el lector, que sigue sus peripecias, donde aparecen los Azules y los Pizzeros, otro personaje llamado Rubén; y Julio Conte, el padre de Belén, en busca de venganza. Finalmente será él quien se vengará de la muerte de La Belén y no el Pulga.

En fin, termino estas líneas un poco desordenadas, con una anécdota personal: hace como 300 años que no leo una novela policial; pero esta novela de Belottini renovó mi interés por el género. Está escrita con una prosa leve, visual. La historia fluye, sin adornos. Así, precisa y con un sutil manejo de la ironía.

 

Abril 2026