LA AVENTURA ESENCIAL

LA AVENTURA ESENCIAL

“¿Qué es lo que empuja a un ser humano a la búsqueda de lo esencial?”, con citada pregunta inicia la búsqueda de Itxaso Arana en su libro Vida, Meditación.

En el espacio que abrió su interrogación despliega “un camino espiritual que ha sido y continúa”, porque más que como respuesta, la vida se le apareció como pregunta.

Cuando se detuvo a interrogar no ya sobre un aspecto particular y accidental de su existencia, sino sobre su existencia como tal, buscó un modo de recibir en toda su vastedad la respuesta frente a la cual, en última instancia, una vida se encuentra o se pierde.

El sufrimiento se le reveló respuesta, porque a medida que la persona concreta sus aspiraciones -de toda índole- va descubriendo una carencia esencial. La esencia de esta carencia que pulsa en lo vital llevó a Itxaso a un camino que “exige entrega, perseverancia”: a los pasos de el yoga cachemira. Este corresponder a la pregunta fundante encuentra voz “en ese ir más allá del cuerpo y descansar en ese misterio que es el silencio. Esta práctica es un arte que facilita la atención total, presencia que somos”.

Así, el desafío de nuestra vida cuando se vuelve testimonio de una ausencia, de estar ausentes del presente, a pesar de la Presencia que otorga todo presente, la que en palabras de Itxaso se desocultan: “ y si dejamos que este momento sea lo que Es… escuchar con los oídos, con los ojos, con la piel, con todo el cuerpo, y no hacer nada. Presencia. Somos meditaciones. Todo Es. Escucha”. Por esto la meditación es más un dejarla ser, más que un hacerla, el Es del Ser que hace ser.

Las páginas de Vida, Meditación, intuyen con honestidad que lo primordial se escucha callando las cientos de preguntas con que ahogamos la respuesta a la pregunta, y desde su oído cardial o cuerpo escucha Itxaso Arana apostó por la libertad que llamamos intimidad-profundidad, para “ir a lo eterno; lo inmutable es la aventura esencial, la única que nos descubrirá la plenitud total, el silencio”. Aventura esencial que fue poetizada por Hugo Mujica al decir:

 

El hombre y su misterio.

El niño que en algún verano

(en la oscuridad del olvido)

juega en la playa escuchando la promesa

que el vacío de la caracola

le susurra al oído:

en el silencio el silencio habla.

 

Por Gonzalo Acosta Tito.