Nueva Poesía Entrerriana: poetas nacidos entre 1971 y 1989

           TIGRE Y CARAMELO (*)                                 

 

           POESÍA JOVEN ENTRERRIANA (Antología)

 

Introducción, selección y notas: Marcelo Leites

 

 

              Hablar de poesía joven parece siempre una ocasión para hablar de la “eterna juventud” que padecemos desde hace años en la Argentina.  Como si de alguna manera hablar de poesía joven fuera estar en contra de la poesía “vieja” o de generaciones anteriores, lo cual, es una falacia.  Los nuevos poetas no pueden negar la tradición, por más que muchos de ellos lo intenten. Inevitablemente la escritura de un poema se inserta dentro de la tradición literaria, ya sea como continuación o como ruptura. La poesía joven que me interesa tiene valores innatos como la espontaneidad, la fuerza, la autenticidad. Notemos que en Entre Ríos, venimos de una fuerte tradición lírica, poetas como Carlos Mastronardi, Ana Fabani, Juan L. Ortiz, Alfredo Veiravé, Emma Barrandéguy , Arnaldo Calveyra (y, antes, incluso, los clásicos: españoles, latinos, chinos), entre otros, suponen diversas líneas estéticas que en algunos casos fueron continuadas y en otros, quebradas por la poesía más reciente. Hay también toda una generación de poetas que continúan a los mencionados, que también podrían leerse en relación con estas voces más jóvenes: me refiero a poetas como, Marta Zamarripa, Laurea Erpen, Domitila Papetti, Graciela Gianetti, Miguel Angel Federik, Juan Meneguín, Alejandro Bekes, Luis Alberto Salvarezza, Ricardo Maldonado, Hugo Luna, Jorge Montesino, Damián Ríos, Daniel Durand, Marcelo Leites, etc.

              Es interesante pensar cómo influyen las raíces, la naturaleza o la idea de la naturaleza en estos poetas jóvenes. Quiero decir que muchos de ellos pueden ser leídos a la luz de esta cuestión. Y así, el espacio urbano y el espacio natural alternan en estos textos. Pero en otros no: la naturaleza está ausente y su lugar lo ocupa lo que podríamos llamar el anecdotario del poeta. El “yo” es objetivado en los sucesos que despliega el texto.

           Todos los poetas seleccionados escriben en verso libre, con métrica variable o en versos amétricos y con el ritmo propio del habla cotidiana y el entorno. La mayoría responde a los imperativos de la época: predomina el registro coloquial por encima del literario, escriben desde un escepticismo considerable, con una ausencia de cualquier idea de trascendencia, y suelen mantenerse dentro de una textualidad de superficie que remite directamente a los objetos o a los hechos narrados.  Vale decir que estos poetas de algún modo cuestionan la tradición y construyen un mundo propio, que no difiere demasiado del mundo que nos rodea. Son, en ese sentido, hiperrealistas.  Cuestionan en sus textos cualquier idea de una lírica, ligada al paisaje o a una interioridad subjetiva. Son textos marcadamente anecdóticos. Dentro de este grupo incluyo a Fernando Callero, Cristian Monti, Julián Bejarano, Joaquín Diaz, Daiana Henderson, Selva Almada, José Morales, Manuel Podestá, Ariel Delgado y Joaquín Díaz.

            Cuando digo “coloquial”, me refiero en sentido amplio a la reproducción de los ritmos del habla corriente; aún cuando destaco que no se trata de una mera transcripción literal del habla popular; sino de una recreación artística; son voces alejadas de la banalización, del espectáculo y de los efectismos. Cuando digo “literario” aludo a las convenciones poéticas:  la cadencia métrica, las imágenes cristalizadas y un lenguaje excelso;  es decir, lo que asociamos con “alta” literatura, por oposición a la “baja”, testimonio de un mundo fragmentado, de la velocidad de las cosas y de una naturaleza que para  los poetas mencionados ya dejó de ser pasaje hacia “la otra orilla”, correspondencia entre el interior y el exterior como sucedía en la poesía de Juan L. Ortiz,  y sólo remite al agotamiento de sí misma,  vacío o nostalgia.

           La realidad crea una nueva percepción y las formas cambian. Es lo que justifica históricamente las vanguardias, más allá de sus resultados artísticos.  Así, el tono conversacional, la descripción, el prosaísmo y la imagen son los centros de irradiación de esta nueva poesía, que también abarca una relectura de la tradición lírica entrerriana.  Y en esta línea lírica, epifánica, que renueva su fe en la trascendencia, aunque más no sea la trascendencia de la escritura misma, donde también el uso de la imagen es significativo, pueden ubicarse los poemas de Martín Carlomagno, Claudia Sosa, Marita Balla, Gonzalo Acosta Tito, María Aranguren, Tamara Demiryi, Claudio Marcelo Martinez, Pamela de Battista, Martín Pucheta. Carla Olivera y Leonardo Köstner. Se trata de poetas que todavía creen que el lenguaje puede tener un espesor, una dimensión que por momentos resulta sagrada; creen también que el lenguaje puede nombrar el misterio, eso que está más allá de lo que las mismas palabras dicen en el poema. Y también siguen considerando el paisaje como un motivo de celebración.  Asimismo creen que la subjetividad del poeta puede ser parte del texto (“El yo lírico”).

             Ninguno de los poetas incluidos aquí son improvisados; elaboran sus composiciones. Tienen conciencia del lenguaje, sus materiales y estrategias. Afinaron su voz. Crearon su propio espacio dentro del texto. Casi todos establecen una genealogía particular de creadores que influye en sus escrituras y el resto aparenta no llevar ninguna mochila en sus espaldas. Pueden inscribirse en corrientes diversas: del objetivismo al hiperrealismo; del lirismo al  minimalismo y al surrealismo; sin embargo,  no clausuran la exégesis, sólo marcan una posible orientación del material; algunos poemas son imposibles de clasificar dentro de estas tendencias estéticas; sería necesario analizarlos individualmente, lo que procuré hacer en cada caso peculiar.

            Toda selección supone un recorte, en mi caso reuní las voces que me han parecido más significativas dentro del panorama de la provincia. Mi elección se basó en lo que conozco, seguramente habrá otras voces, que ignoro y que también podrían haber sido incluidas. De todos modos son 21 los poetas que he seleccionado -la mayoría menores de 40 años-, suma lo suficientemente ilustrativa para leer lo que sucede en nuestra provincia.

           El análisis basado en las estéticas sólo es una de las vías de acceso a las obras literarias. Y ese es el criterio que adopté en este caso, tanto en el análisis como en la selección misma. Por más objetividad que uno se proponga, la lectura nunca deja de ser arbitraria, parcial y subjetiva; sin embargo, esperemos que las glosas funcionen como una introducción a las poéticas. No obstante, prevaleció en mí la intención de difusión, más que de la exégesis, en la convicción de que no hay mejor exégesis que la lectura misma de los textos. En general, elegí entre uno y tres poemas por autor, lo que puede dar una somera idea de cómo escribe cada uno. También opté por limitar las biografías de cada autor, para darle prioridad a los textos. 

FERNANDO CALLERO

Nació en Concordia en 1971. Publicó Ramufo Di Bihorp, ("Premio Provincial de poesía José Pedroni 2000", Santa Fe, 2001);   El espíritu del joven Borja (Ediciones Bajo la luna, Rosario, 2007), Al rayo del soy (Colección Chapita, Buenos Aires, 2008) y Joya(Colección Chapita, Buenos Aires, 2009), entre otros libros. También puede leérselo en varias antologías. Fundó Ediciones Diatriba, donde publica sus libros y también a varios poetas jóvenes entrerrianos.

Fernando Callero  describe escenas del paisaje, objetos y seres emblemáticos, con trazos desprejuiciados y humorísticos. En primera persona va enumerando anécdotas como al descuido. Es uno de los poetas que se nuclearon en torno de la figura de Daniel Durand.

Del libro “UNA DESTRUCCIÓN MUY FINA” (Determinado Rumor, ePub, 2012):

LLEGÓ Y SE INSTALÓ LA GRAN CALOR

Llegó y se instaló la gran calor

y estoy feliz por eso.

El cielo, las radios, los chicos en cuero

yendo en bici a la pileta del club suboficiales,

yo también voy.

Todo el panorama reseteado.

Las mortajas del invierno sepultadas

hasta junio en el armario.

Descarga, viejos archivos comprimidos.

Otros recién abiertos, flamantes:

mi vida.

Voy a poner un mar de fondo de pantalla.

O mejor, le voy a sacar una foto al cielo,

que es una losa celeste, sin motas

y la voy a cargar en la compu

para poder verlo todo el tiempo.

Incluso de noche.

Incluso desde un interior.

 

Desde las primeras horas a los pájaros

Este es un poema dedicado a esos seres nerviosos y discretos

que llevan su vida en las alturas, una dimensión que el hombre

casi no utiliza.

Hablan un lenguaje extraño.

Su velocidad de estar es otra.

Los anima una energía

que hace saltar los fotogramas.

Qué vértigo convertirme en uno,

sentirme sedoso,

redondo,

picarme un piojo y salir volando.

Dije que este era un poema para los pájaros,

pero es mentira porque ellos jamás van a leerlo.

Sigue habiendo pájaros más allá de estos versos;

cantan en mi ventana cuando me voy a dormir.

SELVA ALMADA

Villa Elisa, 1973. Vivió en Paraná durante años. Actualmente reside en Buenos Aires. Dirige la editorial Carne Argentina. Publicó: “Niños”, cuentos, 2005; “Una chica de provincia”, relatos, 2007 y  “El viento que arrasa”, novela; Mar Dulce, 2012.

Almada trabaja el cruce de géneros, entre la poesía y la prosa, compone personajes que usa como máscaras, en un registro irónico y kitsch de lo cotidiano

Del libro: Mal de muñecas, Editorial Carne Argentina, Buenos Aires, 2003:

1.

Pamela

es la reina

pelo rosa y piel morena.

Sebastián y los otros

            la aman.

Ella y su desdén

adentro del vestidito blanco

en el segundo estante

            muestran

las piernas abiertas

            sin agujero.

Sentados todos a la mesa

Pamela sirve té de mentira

en tacitas de plástico

y conduce la charla

            como una dama.

 

2.
La brasa de un cigarrillo
cae
en un descuido de mamá
quema
el pie derecho de la Flaca.
Yo lloro las otras se ríen
la Flaca llora mamá se aflige
le echa la culpa al gin tonic y
promete tejerle unos zapatitos
al crochet.
Todos sabemos que no hay solución:
sólo yo querré a la Flaca renga
perderá la corona de princesa
con que Niño Valor la ungiera
dos meses atrás
su carrera de top model
en ascenso
se trunca
sus sueños de bailarina de tap
se rompen como espejitos.
Mamá le habla a la Flaca:
no es tan tremendo, dice,
una amiga suya, cuenta,
perdió el útero y los ovarios,
a su cuñada
le extirparon un pecho
y sigue enumerando
mutilaciones varias
que asustan a la Flaca
y también a mí
que agradezco que nunca traiga
sus conocidas a casa.

 

3.

Sebastián tiene

ojos turquesa y pelo dibujado.

Es un bebé

pero a veces le pongo ropa de hombre

y hacemos que es mi novio.

Cenamos

frente a platitos vacíos

a la luz de las velitas

            que robo en los cumpleaños.

Hablamos poco

él nunca menciona su trabajo.

Le cuento que el Panzón

se fue a vivir a Nueva York

y que escribe seguido,

que Sabrina se fue con mi hermana

de vacaciones a Pinamar.

De postre le sirvo

una rodajita de limón

            que nunca toca

y que termino comiendo yo.

Si ponemos música

me subo a la mesa

            y bailo para él.

Nos reímos bajito

para que mamá no se despierte.

Antes de irme

lo beso en la boca

y él enreda su mano en mi cabello.

 

MARÍA DE LOS ÁNGELES BALLA

Nació en Paraná, en 1974, donde vive, pero vivió unos años en Concordia. Con una mirada naïve y de acento femenino, Marita Balla reflexiona sobre la poesía y el amor heterosexual, con el pueblo como telón de fondo.

De "Naranja Ombligo" - Ediciones de la Intemperie, Paraná – 2007:

Arenas

de punta a punta desnudos

sin detener la marcha

cuando los rostros se nos desdibujaban

ante la mágica mitigación de las espinas

 

no queríamos que la huella de barro nos abandonara

por el sensible miedo a ser felices

nadie nos enseñó estas palabras

no podíamos pronunciarlas

tristes entonces las enterramos a la sombra

para que crecieran

con la esperanza de poder entenderlas algún día

 

más tarde y boca arriba por la correntada del río

simulábamos indiferentes el desequilibrio del agua

volvíamos para amar la ausencia

y anhelábamos el sol de las arenas

 

La danza de la flecha y otras yerbas

un paisaje plagado de cemento

balcón que tiene por el mango

sartén en tu ventana 

con el pasaporte vencido intento hacer cola

y comprar un pasaje hasta tu casa

 

la rubia pide pista morocho:

cansada de hacer dedo a los aviones

 

CLAUDIO MARCELO MARTINEZ

Nació en Concordia, en 1974. En 1998 se radica en Montevideo, Uruguay. Integra el taller literario del Profesor Lauro Marauda hasta 2005. Publica su primer poemario, “Lo tenue del sol” en 2002.  Publica el poemario “Estigmas del jacarandá” en 2004. Realiza los Encuentros de escritores “De la vigilia” en Concordia, 2004, 2005 y 2006,  junto a los escritores Marcelo Leites y Stella Ponce -que nucleaba escritores uruguayos y argentinos- y Junto al escritor Leonado De Mello, en Montevideo, 2006.  Se radico en Colón, Entre Ríos en 2007.

Publica el poemario “El paraíso de los Ausentes” en 2012; libro del que extraje los poemas seleccionados. La poesía de Martinez es lírica; y al mismo tiempo autorreferencial, con algunos trazos discursivos y surrealistas:

reflejos en nuestros cuerpos

galaxias constelaciones

quien mira al árbol hecha raíz

quien mira pájaros vuela

quien mira piedras se fortalece

quien contempla el mar se ve profundo

quien mira el rocío se está amaneciendo

quien enciende fuego cuidando que perdure

está gestando

 

PRISCA SAPIENTA

 

Arte

tuvimos grandes charlas sobre Arte

entonces la boca se me hacía Poesía

tantas veces tragué mis versos

Arte

cuerpo pasando a un costado del presente

nueva idea

llegar a la niñez del alma

modelamos barro en consenso con los ausentes

abandonamos este traje

trascender anular el tiempo

concebir diálogo constante

nueva idea obra latiendo elemento parte del aire

primero

cuando no teníamos edad

cuando el tiempo la memoria la materia

eran una vaga idea

la libertad ese otro cuerpo existía

vistiendo la desnudez del beso

utopía de la piedra el agua el fuego el pájaro

lejos del sacrificio

agua brotando del fuego

fuego brotando de la piedra

piedra naciendo del pájaro

Arte.

CLAUDIA SOSA LICHTENWALD

Nació en Paraná, en 1975, es Licenciada en Comunicación Social, especialista en redacción y periodista. Desde el año 2000 y hasta el año pasado escribió en el suplemento cultural y de espectáculos Escenario de Diario Uno, de Entre Ríos.

Claudia Sosa realiza una original relectura de los mitos y las metamorfosis, a partir de pequeños insectos y animales (incluido el hombre) dentro de una naturaleza animada. 

 

De: Sobre el temblor del minotauro (Fundación La Hendija, Paraná, 2008):

 

Anatomía de la hormiga y la hoja

 

Sobre una hormiga negra

va la hierba que sangra.

 

La sabia hormiga de quitina

cortó las nervaduras de un solo mordisco.

 

Debía hacerlo, pensó.

Y rápido para que no sufra.

La hoja de la hierba

sintió la disección como un calambre.

Es sólo un instante, pensó.

Y se dispuso a disfrutar el viaje.

Sobre una hormiga negra

va la hierba que sangra.

Tres preguntas para una respuesta solitaria

¿Acaso ya no hay abejorros ni escarabajos?

¿Dónde brillan los bichitos de luz?

¿La madurez impide ver caracoles y bichos bolita?

Aún así, las babosas mastican las hojas de una planta de albahaca.

 

 

Martín Carlomagno

Nació en 1978 en Concepción del Uruguay. Actualmente reside en Paraná. Ha publicado Escombros (Poemas olvidables, Edición de autor, Paraná, 1999) -Ruinas del Paraíso (Ediciones del Clé, Paraná, 2002)-, Confesión del Visitante (Ediciones Ríos al Mar; Paraná, 2003)- Lo que no fue es Resplandor  (Tráfico de Arte, Paraná, 2005)- Isla que mira hacia un Diván (Cuadernos del Señalero, Paraná, 2006) y Apuntes sobre el cielo de abril- (Tráfico de arte, Paraná, 2007).  En el 2008 fue seleccionado para integrar la Antología Nueva poesía joven Ediciones en danza Buenos Aires.

Carlomagno exhibe un lirismo intimista como tono dominante: registra desde el presente los momentos luminosos de su historia personal; pero también utiliza máscaras, para decirse cosas a sí mismo. Hay en sus poemas un tono nostálgico que, sin embargo, resuena atemporal.

MARTÍN CARLOMAGNO

Apuntes sobre el campo de abril

Cierro los ojos y dejo que el color se apodere de mí.
Un tordillo remonta el aire y da galope al cielo.
Retengo la mirada y vuelvo a preguntarte las mismas cosas,
la tierra se abre sobre tus surcos, la tierra se cierra bajo tu cuerpo.
Retengo algo que no llega.
Que no se atreve a los árboles.
Al vértigo sigue la inmovilidad.
Y de la inmovilidad al vértigo no hay más que un minuto.
Sesenta segundos de vacío.
Sesenta pulsaciones al brote de tus brotes.

 
Cierro los ojos y mis manos fuerzan el candado, quieren abrirse a
la inmensidad y no dar más desdicha a los troperos.
Cierro los ojos como quien busca internarse en sí mismo,
sabiendo que no hay respuestas.  Silencio.  Escena que en tu voz
parece perdurar y perturbar al mismo tiempo. Retengo la memoria
de los corrales, las siestas son al fin un eterno almacén en donde
habitan los muertos.

 Cierro el cuaderno
y el horizonte cae.
Cierro los ojos
y el cielo cae, sólo falta un retrato y el perfil de tu cuerpo.

 

De Apuntes sobre el cielo de abril.

Introducción a la memoria.

De carga en carga va.

Lustrando atardeceres pierde el día.

Nadie ha visto su boina

torcida por un rayo, dando lo que no tuvo.

 

Su corazón es un galpón

donde la siesta pasa y pasan carros

y el trigo se descuelga de su espalda

y nadie quiere verlo.

 

Es demasiado abrirse al horizonte,

dejar la mano en el temblor y cerrar los pulmones.

Romper con la costumbre

de estar siempre esperando.

Él lo sabía, por eso es que lo nombro.

Ahora: los álamos vuelven sobre sus ojos

y sé que está más lejos. Allá en el campo.

 

 

A la memoria de Pipo (Mi Abuelo)

 

                                                                        (De: Lo que no fue es resplandor)

 

El  perdedor

Cuando nadie conteste

y el número de la desgracia

sólo tenga tu tono,

será

la soledad quien te circunde

en un patio olvidado

o en cualquier

estación por la que el tren

ya no espera pasar.

A veces,

duele verse en el reflejo

de un anden

o en la nostalgia

de una mañana por venir.

Cuando los días se agoten en los zapatos

no podrás elegir

más que el rostro que amaste.

La disposición final de la tristeza

aclamará tu nombre.

Detrás de las ventanas

una anciana hace gestos.

Su mirada confunde a los que pasan.

En ella puede verse

el último verano jugando

entre los campos. La noche

anuncia su lenta melodía.

Lo que pudiste resignar es la pena.

Esas casas pérdidas 

cercando el horizonte.

Todas esas manos en las que nadie espera,

caricia que vuelve desde ningún lugar.

Cuando nadie conteste

el mar se habrá alejado

para siempre

y un coro de palabras

dirá tus intenciones.

La vida abre sus hojas

al que aguarda.

La espera se acentúa

entre los árboles.

Ahora la anciana

abandona el tejido

y con la voz pausada

conversa con un pájaro.

El perdedor intenta abrir los ojos

pero la luna encandila

y las apuestas

descienden.

Cada escena lo aguarda

en un sitio extendido

pero no hay quién responda.

Entonces,

se abre la camisa

y sus pies abandonan la tierra.

 

Ese que ven volar desconoce el latido.      

(Inédito)

C. MONTI

C. Monti (seudónimo de Cristhian Montivero) nació en La Paz en 1979, es estudiante de Historia, alumno del taller de poesía de Daniel Durand. Participó como invitado en el Encuentro Paraná poesía en 2010. Publicó "Desplazamiento sonoro" (Ese es otro que bien baila, 2010 y se reeditó en 2012 por Ediciones Neutrinos) Y "Uno de vez en cuando" (Editorial Amontema Brick, Asunción del Paraguay, 2012), y en las antologías La trampera (Rosario 2009), Pocholandia y sus amigos (Rosario 2010) y "Peligro inflamable" (Buenos Aires, 2011).

Con una mirada que tiende hacia el  objetivismo, Monti, habla del río, de los árboles, aunque no desde una lírica, sino desde una reflexión que escinde el sujeto poético con el mundo observado. También establece un contraste entre lo que está adentro y lo que está afuera  del “yo poético”.

 

Influencia

A la tarde en el río

los patos desaparecían ,

en ese instante

con estudiada desprolijidad

dejaste de ser previsible,

desde entonces lo tuyo es otra cosa,

ahora vos desapareces

y tus objetos te imitan.

Otoño

Nos acercamos al único árbol que

reverdece entre otros sin hojas,

al llegar sólo queda un esqueleto

de ramas desnudas.

Cientos de loros cambian el

color del cielo,

alejándose de nosotros.

 

SUBMARINO

En un Fiat 600

queman lo último que queda,

aguantando el humo

sin respirar

por diez cuadras.

La felicidad no se administra,

dice uno

y cierra las ventanillas

en el fin del verano.

 

LEONARDO KÖSTNER

Nació en Paraná, en 1979. Ha publicado Letras Argentinas de Hoy,

2004-Antología III, Edic.de los cuatro vientos, 2004; y

La quietud de las cosas, Tráfico de Arte, 2006; de donde extraje

los poemas presentados. Köstner utiliza metáforas y algunas pinceladas

surrealistas en su poesía, básicamente, lírica:

 

La mano cultiva

blanca

madurada en desiertos

nutrida al retoño

hecho cuna y al rato

vuelo en cruz.

 

Alimentar con lágrimas

aquel árbol que se deshoja lentamente.

Tanto coser su ropa

quedaste unida a él

con hilos eternos de luz

de miradas y silencios.

 

La mano cultiva ya de niño

manos de pan luego

que se darán sin medida

maduradas en el desierto.

 

Los hombres compran y cosas venden

                                                                                                A quien corresponda

 

La gota de rocío

y el eterno mar se seca.

Una mentira di al viento en voz baja,

y cambiará su rumbo.

Los zorros salen de sus cuevas

y en la ciudad cometen el crimen verdadero.

 

Y los hombres compran

y cosas se venden,

pero saben

que la sinceridad del zorro

es hambre.

 

 

Crisálida

 

La áspera cáscara corrompe la epidermis

De un cuerpo inflamado y fofo.

 

La papada, los granos y el pelo graso

Invitan al tacto de otro a evadirse solo.

 

¿No ves que la belleza solo es posible después de la fealdad?

 

Seré un gusano plomizo antes de convertirme en mariposa ligera.

MARTÍN PUCHETA

 

Martín Pucheta nació en Gualeguaychú en 1981. Publicó las plaquetas Superbóreos (Zorra/poesía, 2009), Matota (El Chancho Armónico, 2009) y Sonajero de misterio: los tomuer (2009), junto con Nicolás Cambon,

fruto de la Fiesta de los Muertos.

Participó en las antologías Última poesía argentina (En Danza, 2008) y Felicidades también (18 poetas) (2005). 

Publica Superjardín, en 2010, en Ediciones en Danza, de donde fueron extraidos los poemas. Se trata de una  poesía con una tonalidad lúdica, graciosa, que presenta un lirismo con cierto grado de desparpajo: 

Schopenhauer

 

El Diablo rompe una vez más

la ventana de Dios

y la luz escapa

como viento de locura.

 

En los campos que ahondan

la noche que se eleva

se arrojan

los vidrios

de brillo y miseria.

 

Si se mira bien

la herida en los ojos

no cierra jamás.

 

Arranque

Si me arrancaran ahora el corazón

tan enamorado de tu tiempo así

y asá de los bichitos en tu aura

semillas revoltosas

de eternidad en tu luz,

concéntrico carnaval,

estarían detonando una granada,

 

fruta fresca y belicosa

de estallar

en mil árboles

de fuego y estrella,

 

en cánticos que expanden en racimo,

en himnos de galaxias nebulosas,

constelación y sangre.

 

¿No te asusta mi cariño,

azúcar atómico y cuco motor?

Si me arrancan ahora el corazón,

arrójenlo a la nada.

 

JOSÉ MORALES

José Morales. Nació en Paraná, en 1982. En septiembre de 2012, publicó por  Ediciones Diatriba de Paraná,  su primer libro de poesías Bombucha season. Codirige junto a cuatro amigos de su ciudad el fanzine de poesía Pegaláctico. Morales trabaja la enumeración de hechos reales y ficticios y la enumeración de personajes con una impronta surrealista.

Los 90

estamos pensando otra vez en los 90

en el portal de la península olímpica

las escaleras de pasto y todas las chicas

en una edad dorada, reluciente

de jeans rotos y remeras de los pistols

daniel pinta y compone en el psiquiátrico

Edimburgo comienza a hacer estragos

Aberdeen deja caer los pinos al norte

en Europa central se hizo de noche

mirando el último eclipse del milenio

¡Acá todo es de oro!

un suspiro caracol

llenó de baba el mundo

que ahora chorrea

sobre otro mundo

y otro mundo y otro

formando ríos,

mares,

ideas como piletas

Valentín

los solteros sin familia

son mejores soldados

julia plantó un almendro

de flores rosadas

junto a tu tumba

Todas las calles del mundo son las calles de Paraná

la señal

dijo con voz de padre

es un par de zapas

colgadas en los cables

yo camine buscando

por todas las calles del mundo

For Martha

ratones plateados

bailan y reflejan

todo se extiende

y hay estrellas

en el fondo confuso

la luz de un patrullero

 

 

GONZALO ACOSTA TITO

 

Gonzalo Acosta Tito nació en Concordia el 27 de junio de 1982. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Publicó tres libros: “El Mendigo de Ojos Celezul” (Editorial Imprenta de Entre Ríos, Paraná, 2009), “los Góticos en la Argentina” (Editorial Panza Vede, Concordia, 2010) y “Entre Cunas y Tumbas” (Editorial Panza Verde, Concordia, 2011).  Estuvo a cargo de suplementos culturales y literarios en su ciudad natal.

Acosta Tito, ve en el poema un eslabón entre el “yo poético” y lo sagrado, porque la palabra misma es sagrada para él; su poesía está influida por la mística y por poetas que han trabajado el “silencio” como Hugo Mujica, de quien es discípulo.  Una de sus marcas formales más características es el uso frecuente de verboides, que detienen la acción, en un estatismo que, sin embargo, favorece la contemplación. También el uso de sustantivos abstractos y de metáforas informan su obra.

 

SALTO

 

I

Cae el sol sobre tus ojos

y el nacer del otoño nos llama a la caída,

 la de encontrarnos humanos en finitud hacia el cielo

 

II

Desde la orilla nos contemplamos raíz

siendo la ausencia

                           de lo que creció y nos olvidó.

 

La luz en el río y nuestra tierra del otro lado

                          destierro en el horizonte azul

 

 

III

Algo de la belleza de tu nombre

nombra la partida:

                             la  de  aprender a volver a morir.

 

Entre Cunas y tumbas (parcial)

 

I

La vela llora quietud,

                                  recoge invierno

                                  se quema en su cuerpo.

 

Cera llovida

pasión derramada: madera partida

                                 (humana)

 

II

Gris latido el de la ciudad

que abandona a sus hijos

en la prenatalidad de su voz

 

génesis del dolor

                          coro de viudas de llantos cenizas

                          cantata de niños de manos mendigas

del canto de la vida en la noche oscura del mundo

                 del pájaro muerto en el cántaro.

Elegía en labios de la orfandad

 

III

Partiendo tristezas

                             me cavo olvido

hondo ataúd el del vivir muriendo.

 

La melancolía de un viernes mudo

es semejante a un cementerio en invierno:

                                                sólo lápidas y cruces acariciadas por un viento helado.

 

TAMARA MELANIA DEMIRYI

 

Paraná, 1983. Obtuvo el 1er. Premio de poesía en la primera edición de “Nuevos Autores” organizado por la Editorial de Entre Ríos en el año 2005.  

 

Una lírica que va de lo amoroso a la poesía de la poesía distingue la voz de Tamara Demiryi.

 

De Acróbata de mí – Tráfico de arte, Paraná, 2007:

           

XI

 

Tu nombre se esconde en algún lugar de la biblioteca

que no me es dado hallar

y desde esa empinada clandestinidad acecha.

Recién cuando la noche despeina con sus caninos

la seca fisonomía de los objetos,

las sílabas que te mencionan

se desprenden de los anaqueles

y sus cuerpos dentados

tejen disparates sobre mi infante cabellera.  

        

 

XVI

 

La noche hila

un nido de estrellas

que fosforece

sobre mi desértico

cuerpo.

Soy un revólver

recién alimentado

y estoy a punto de mostrar

el rigor de la pólvora

añejada en mi lengua,

sobre la mímica absurda

de esta ronda de objetos,

aún sabiendo

que vendrá otra ráfaga

de fuego,

o quizás de viento

y colándose

por las hendiduras

de mis letras

las izará tan alto

en un remolino,

las transmutará

en tibias y peregrinas

partículas de polen

 

JULIÁN BEJARANO

Julián Bejarano. Nació en Capital Federal en 1983. Vive en Paraná desde los 5 años y trabaja en una Estación de Servicios. Es, por lo tanto, un poeta entrerriano. Publicó: A Eda, por su dulzura (Ediciones de la Intemperie, Paraná, 2008, La Prefabricada (Colección Chapita, 2008) y Humito (Ed. Ese otro que bien baila, Paraná, 2012).  Tiene varios libros inéditos: La luz en las Hojas, La poesía de la fiesta y Morosos. Se considera discípulo de Daniel Durand.

 

Bejarano  despliega una gran inventiva, trabaja con el paisaje, pero también con una planta o con los astros.  Su “yo poético”, está distanciado de la subjetividad propia del “yo lírico”, aquí el yo es narrativo y sólo aparece para contar lo que pasa y lo que se ve.

De La Prefabricada:

ME AGRADARÍA MUCHO ENVEJECER AQUÍ

Estoy sentado en la puerta de mi casa

pienso que me agradaría mucho envejecer

aquí. Entre todos estos árboles verdosos.

Los pájaros se expanden dejando figuras

prolijas y angulares en el aire, que desaparecen

al instante en que las intento memorizar.

Las casas se acomodan en círculo, una al lado

de la otra, y no dejan más que un bosque

espacial en el medio.

La noche pasa a través de cuatro estados

y se ve cosmopolitamente la organización

barrial de las estrellas.

 

La planta interna que le regalé a mi novia para su cumpleaños

Con unas monedas que tenía ahorradas

de algún trabajo anterior,

salí a comprarte una planta interna

para que sea de compañía en tu pieza.

Ella no necesita demasiada luz

la podés poner cerca de la ventana

si es que esa es tu voluntad.

Quizás el nombre ayude para que se aferre

bien en su yo. Agua, toma como nosotros

un vasito a la mañana y otro a la noche.

Cuando la veas triste, con sus hojas caídas

un sol pequeño la pondrá de vuelta en orden.

Ya no somos niños ni queremos serlo

no tengamos hijos, pero por lo menos

que haya algo con vida entre nosotros.

 

 

 

El hombre y los astros

 

Acabo de mudarme a este monoambiente.

De espaldas a la cama tengo un ventanal

para espiar las mutaciones del cielo

y los movimientos pausados de las nubes

además de ver cubiertas de automóviles

que la gente abandona sobre los techos de sus viviendas.

Arriba del escritorio tengo desplegado el mapa estelar

correspondiente al mes de agosto

veo que Andrómeda está en dirección a Pegaso

hacia el extremo este

y que Piscis persigue a Acuario con velocidad

escapando de la traición y de la muerte.

Nos peleamos y después nos amamos

debajo de estas cobijas que ahora están desordenadas

hacia la punta de la cama.

Seguramente algo de todos estos fenómenos

que ocurren en el espacio

explican nuestras idas y venidas,

nuestros aciertos y fallidos,

las ganas de estar acompañados o totalmente solos.

 

MARIA ARANGUREN

 María Aranguren es Licenciada en Psicología. Nació en Concordia en 1984, donde vivió hasta los 17 años. Actualmente vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su formación literaria la realizó en los talleres literarios de Santiago Llach, entre otros. Tiene tres poemarios inéditos y un blog, titulado "Ojo de pez".

Aranguren trabaja con elementos que funcionan como símbolos, en el caso del poema que elegí, el papel de arroz, que le sirve como disparador para entablar un diálogo con el “yo” lírico. También habla de la escritura en un poema que parece una clase de taller literario.

Del libro PATCHWORK (Inédito):

Papel de arroz

 

la impaciencia

que sacude al arroz

al cocerse, uno sobre otro

escribo mis nombres

en un grano, la tinta china

 

seca sobre el torso

indica el dominio

uno de tantos, será el elegido

el miserable colgante

encapsulando el germen

de renuncia, de ser no más

que un diafragma de venn

al borde del papel

reciclado, viene el aire

a mis poros, el agua que hierve

se escurre y, el almidón,

me viste de blanco,

estéril, yo y mi semilla

sobre el pecho, sepultamos las cruces.

 

Del libro EL BIP BIP BIP DEL SPUTNIK (Inédito):

 

Vocación de ciega

las cosas se sostienen en un renglón

dijiste

al menos eso aspiran

algunos de los que escriben

cerraste comillas

abriste los ojos

y miraste el vaivén de letras descompuestas

 eso es todo por hoy

continuaste

te acordaste de cerrar

los ojos

de nuevo

por si alguien espiaba

y discretamente

marcaste un.

 

MANUEL PODESTÁ  

Manuel Podestá, La Paz, 1984. Reside en Paraná. Publicó: Uruguayita (Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2009), Valiant (Ed. Ese otro que bien baila, Paraná, 2010), Superclásico (Ese otro que bien baila, Paraná, 2011) y El día perfecto de la tierra será el último de todos (Ed. Gigante, Paraná, 2012). Codirige la editorial independiente Gigante. Podestá utiliza un tono entre gracioso y narrativo, para hablar de sus afectos: el fútbol, los autos, el padre, el amor. En su poesía, lo autobiográfico está ligado a la cotidianeidad del “yo poético”. En esa cotidianeidad, las imágenes están al servicio de lo que se cuenta y la influencia de Durand es evidente.

 

Yo era el Enzo

 

Me acuerdo cuando me creía que era el Enzo.

En los partiditos del polideportivo

yo volaba por los aires como el uruguayo

y miraba al cielo, como él, gritando los goles.

Cómo él, paraba de pecho la pelota y observaba alrededor

procurando pasarla al jugador más cercano.

Aunque a veces, confieso,

buscaba el ángulo más lejano del arquero,

sólo pa que se revuelque.

Todos sabían que a mi me gustaba el Enzo.

Me acuerdo cuando me compré

la camiseta original de riverpleit.

A los partiditos del poli yo la llevaba

y más me parecía al Príncipe.

Veía sus goles por televisión

para ver cómo le hablaba a la pelota

y para escuchar qué les decía a todos con su cuerpo.

Festejaban los árbitros

cuando el Flaco metía tremendos goles

y gritaban ¡uruguayo, uruguayo! los hinchas de la banda.

Todas las noches, escuchando los relatos de Víctor Hugo,

me dormía con lágrimas soñando ser Francescoli.

 

 

El camino del río

 

Un poema escrito en los márgenes de un diario.

El pésimo tarareo de una melodía conocida.

Las vías y el tren de nuestras miradas

en una clase de la facultad.

La promesa de un viaje imposible.

Las lágrimas por un golpe bajo

en una peli.

El juego de cosquillas, nuestras risas.

Eso era el amor: el caminito del río,

el agua besando tus pies.

 Valiant 

 

El Valiant cobre estacionado frente a casa 

es el mejor auto del mundo,

sólo porque a papá le rompía la cabeza.

La única vez que lo vio sonrió como un chico 

y pidió que le saquemos una foto. 

¡Una foto quería! Ni siquiera imaginaba 

tener ese Valiant. Eso no era posible. 

Ahora que terminó su campeonato,

me pregunto cómo podía alcanzar tanta gloria

únicamente con sus actos cotidianos. 

 

CARLA OLIVERA

 

Poeta y bailarina, nacida en Gualeguaychú, en 1985, donde reside desde siempre y enseña Lengua y la Literatura. Ha participado y dictado diferentes talleres literarios desde 1998 hasta la fecha. Publicó en 2006 “Partición de voces” (poesía), Edit. De los cuatro vientos, Bs. As.  Los poemas publicados son inéditos.  Una lírica del yo atraviesa estos poemas con una intención celebratoria de la existencia; donde también la palabra “duele”, y el amor es un “hueco” imposible de llenar.

Porque habito y acecho

porque he de encontrar en los vértices de la noche

la desmesura y la tormenta,

llévenme los faunos,

llévenme las músicas, las danzas,

hagan de mí su presa,

beban del cuenco de mi sombra.

Llévenme a pastar en el lomo del verano

y a cantar melodías de fuego.

Llévenme.

Abran mi boca cerrada al canto.

Suelten las liebres sus crías hambrientas para que amamanten,

para hacer de este otoño una colmena,

un arroyo,

celebración o sendero.

 

*

La palabra tiene las manos abiertas:

la ofrenda llegará desde mi nombre.

 

La palabra muestra sus pies

y los lava con el agua que cae de mi boca.

 

El agua tiene un fondo que nadie conoce.

 

*

Y es entonces

que la esperanza nos habita:

un pájaro que canta sobre el ramaje de la tarde.

 

*

Mi palabra está dolida.

Quería decirte que duele.

La boca es

intemperie y desamparo.

 

Apalabrar como brujos

los llantos de los conejos.

*

No hemos visto

en lo que queda de la noche al lobo;

lo ha devorado la tierra

o tu vientre.

Desde el otro lado del cerco nos llega su silencio

como una promesa.

 

No somos sino un hueco

llenado a besos y a empujones.

 

 

PAMELA DE BATTISTA

 

Nació en 1985, en Gualeguaychú. Integró el grupo literario Vigilia, de la misma ciudad, coordinado por Susana Lizzi. Es profesora de Lengua y Literatura. Posee una paleta lírica apegada a la tradición de la poesía entrerriana, con la utilización de algunas metáforas modernistas.

 

CUADERNO PARA EL AGUA

 

I.

 

Y entendí

que el canto del pájaro

y la oración de los sauces llorándose en el río

son también el silencio.

 

 

II.        Lluvia

 

Me basta este cielo preñado de agua pura

a punto de dar a luz al aguacero

a punto de dar a tierra.

 

 

 

III.       Invierno

 

Respirar

el sur de pájaros que sostiene el invierno.

Frío que deshace la memoria del silencio junto al río,

la del rebaño tibio de la sombra.

Frío que levanta ángeles del agua.

 

 

IV.       El río

 

Sin prisa

camina el rebaño del agua

pastando el cielo.

 

 

 

V. Anochecer

 

Los breves moradores del aire

tras la insistencia inagotable de la hora

aventarán contra el cielo

los colores de la muerte.

VI. Cielo abierto

Después.

El devenir de la lluvia es un pozo en el corazón

para que el corazón se limpie,

se llene de agua pura.

 

VII. Continente

 

La íntima celebración del cielo

ahora

cuando mi cuerpo se abre para recibir

los carnavales del aire puro.

Una preñez de hierba fuerte me atraviesa

me vuelve madre del viento

me sostiene.

Regocijo de poblarme con lunas las manos

bendición de compartir la sangre con la tierra

salvación de volver íntimos

todos los pájaros.

 

 

 

ARIEL DELGADO

 

Nació en Morón, Provincia de Buenos Aires en 1986. Vivió en Paraná toda su vida. Fue empleado público. A los 23 años publicó La pequeña verruga en Colección Chapita (Buenos Aires, 2009) y pegó varias veces sus poemas en los colectivos. El último clásico, fue su último libro publicado, por la Ed. Ese otro que bien baila, Paraná, 2010. Fue alumno del taller de Daniel Durand. Se suicidó en 2011.

Ariel Delgado, se apoya en las anécdotas cotidianas y en algunas figuras que sobrevuelan lo autorreferencial, como la de la abuela, sin duda, una gran influencia para el poeta.

En la cocina

Voy al comedor

y veo a mi abuela

que agarra con la mano derecha

el encendedor azul

y prende la hornalla de la cocina,

luego me mira y molesta me dice;

¿Qué mirás boludo?

 

No le digo nada,

ella no debe enterarse que es poesía.

 

MI EX NOVIA

 

Mi novia está acostada

en la cama,

Las sábanas le cubren

hasta las costillas,

el pelo le deja

la cara cortada

en mil rayas.

Está dormida

y estoy seguro que dejé

más que mi amor en sus labios.

Somos jóvenes

pero eso se pierde con el cuerpo,

estamos enamorados

pero eso se olvida con la costumbre,

sin embargo

todas las veces

que ha quedado dormida

entre las sábanas

….digo, no sé…..

hay cosas en este mundo

que nunca se extinguirán.

 

DAIANA HENDERSON

Daiana Henderson nació en 1988 en Paraná. Es estudiante de Comunicación Social en Rosario. A fines de 2011 publicó "Colectivo Maquinario" por Ediciones Diatriba, de Paraná; Verao (Editorial Neutrinos, La Paz, 2012), El gran dorado (Ed. Brillo de poesía joven, Paraná, 2012) y Un foquito en medio del campo (:e(m)r;, poesía-2013. Dirige el Fanzine Pegaláctico en Paraná. Fue alumna del taller de poesía de Daniel García Helder.

Henderson utiliza las imágenes como punto de partida, para construir poemas narrativos, de largo aliento, demorándose en la contemplación del río y de los pescadores, como en El gran dorado, acaso uno de los mejores poemas de la autora. También puede hablar de la felicidad desde el desencuentro amoroso, a partir de un viaje en bicicleta; un poema netamente objetivista.

 

El gran dorado

Desde la butaca de la barranca,

una excelente vista al río.

El sol exculpe su textura

con pequeñas espátulas,

una superficie de diamantes

triturados y esparcidos

sobre el raso o

sobre la nata.

Entre ellos, el brillante más hermoso,

el pescador,

aunque sus formas geométricas

se pierden por la distancia.

Él sabe pero no sabe

la velocidad en que lo veo

desplazarse en su quietud.

Las piernas separadas para mantener el equilibrio,

los pies trabados con la madera,

la postura para no cansarse

y que nos agarre la noche.

La fuerza de los brazos puesta en desterrar

un tesoro que pueda comer

o vender.

Desde acá se ve

como si se agarrara de una soga

clavada en el agua, un pasamanos,

avanzando con cada tirón en la corriente.

Me pregunto dónde estará atada

la otra punta,

¿en una piedra del Iguazú?,

¿en el sol?,

¿en la pata de un elefante en África?

Debería tener cuidado,

las piedras se desbarrancan

y los negros van a comérselo crudo

al diamante si aparece entre las aguas.

Mejor el sol.

El sol le sienta bien, capaz

que porque es un gran

dorado.

 

DICHA

Sigo encontrando cierta dicha
en ir en bicicleta hasta tu casa.
Remar no se trata de llegar a la isla,
es disfrutar el trayecto
-dijo Ricardo cuando nos enseñó.
Cada desplazamiento tiene su clave sensitiva.
Bajo los cambios para subir, después
apoyo el peso del cuerpo en los pedales
y me dejo caer en picada.
Se entretejen nudos en los pelos
cuando se ponen a flamear hacia atrás.
Las construcciones van perdiendo altura,
una estela de humo atraviesa el cielo
dibujada con la punta de una fábrica.
Aterrizo en la entrada
de tu casa, las cosas
andan bastante mal ahí adentro
o en cualquier otro reducto
que tengamos que compartir.
Puedo aceptar que ya no nos queremos como antes,
pero, si insisto, es porque la distancia
fabricada entre nosotros
es tan hermosa y delicada
como ningún otro trayecto
que conozca hasta ahora.

 

JOAQUÍN DÍAZ

Joaquín Díaz nació en Monte Caseros Corrientes en 1989, pero residió prácticamente toda su vida en Paraná. Todavía permanece inédito. Diaz continúa con el tono narrativo característico de sus amigos de Pegaláctico, inclusive cuando habla de la escritura como en este poema Domingo, con el que cierro mi antología.

Del libro SECUENCIAS:

Domingo.

Hay que escribir todos los días

incluso los domingos,

incluso cuando hay sol y ganas de salir.

Cuantos poemas de domingos

se escribieron desde el

primigenio día de domingo aquel,

donde le dedicaron una prosa o un verso,

porque no se puede escribir un poema

de domingo otro día que no sea ese día.

Hubo séptimos días nublados,

séptimos días despejados,

secos, húmedos, con hamacas sin hamacas

en el campo, en los suburbios

borrachos, drogados, en misa,

afuera del club y sobre todo

alegres y en bicicleta.

No puedo olvidar

los poemas de domingo en familia

comiendo ravioles en lo de alguna abuela

y que cuando esta se moría

se cortaba la celebración hasta que la nueva

la sucedía para encargarse

otra vez de la rutina de pastas con tuco

soda, paneras de mimbre

y escarbadienteros con formas de pescado.

¿ Y los domingos de pesca en el río?

Hay que escribir todos los días

qué lástima que hasta hoy,

nunca aprendí a andar en bicicleta.

 

(*) La expresión fue idea de José Villa y surge de un ensayo de Borges: “Evaristo Carriego” -de origen entrerriano-(Emece, 1972), donde el autor usa esos términos para referirse a la “entonación entrerriana del criollismo: “reúne lo decorativo y lo despiadado igual que los tigres. Es dulce: una dulzura bochornosa y mortal, una dulzura sin pudor”.  Aunque Borges, en el mismo libro, usa la expresión exacta de “tigre y caramelo” para referirse al arroyo Maldonado, con una connotación completamente diferente.

 

El ensayo “Poesía Joven entrerriana”, inédito, fue publicado originariamente por la página web Poesía,com, en febrero del año 2013, página que dirigía el poeta José Villa; y que ya no existe en la red.