No me gusta la palabra "Militante" y desconfío de lo que dicen "mis músicos".
Me deprimen los que comienzan sus frases con un "yo te explico" o "es que vos no entendes".
Detesto a los que necesitan que otros pierdan para sentirse mejores.
Me disgustan los que adulan para sacar ventaja y se pintan de amigos por conveniencia.
Me aburren los que enumeran sus éxitos pasados para justificar sus fracasos futuros.
Me entristecen los que propagan la contagiosa fractura mental que nos divide y nos aleja.
Me enojan los que invierten su tiempo en campañas de desprestigio a todo aquello que no los representa.
Me avergüenza el desajuste cronológico en los seres humanos, especialmente en los adultos.
Me enfadan los malos perdedores pero más los malos ganadores, la vida es una rueda.
Me preocupan los fanáticos, los falsos, las falacias, las falopas, los farsantes, los gobiernos.
Me indignan los cultos truchos y que me cuelguen virtudes que no tengo.
En cambio.
Me gusta hablar en plural aunque cante solo y quererme en singular para ser parte de un todo.
Me fascina la oscuridad, la soledad, el silencio y en su complicidad deshilachar dudas con sabios poco cuerdos.
De la mañana amo el alba, de la tarde los encuentros y de la noche cuando todos duermen, ser el único despierto.
Me agrada creer que creo aunque no crea, para poder aunque no pueda, poder enarbolar mis sueños.
Me gusta que los libros me elijan, que los poemas me asalten, que los besos me roben y los amores me maten.
Admiro a los que se atreven, a los que se arriesgan, a los que no se encomiendan a su suerte como única estrategia.
Me gustan las almas antiguas en cuerpos jóvenes y los espíritus jóvenes en cuerpos llenos de vivencias.
Me gusta aprender de los hombres humildes de victorias silenciosas que dejan que los hechos hablen por ellos.
Me agrada pensar que uno no llega por llegar, ni pasa por pasar que estamos por algo y que no existe un final.
Me reviven los recuerdos, los romeos, los lapachos, los encantos, los sábados, los bohemios.
Me complacen los rituales puros y saber que más allá de nada, más allá de todo, somos de la misma lana en este enredo.
Autores de Concordia