En algún lugar del mundo
el dólar ha subido un centavo
mientras el mundo se llena de corazones duros
porque el Dios del Corán está enojado.
A cuadras de casa, en otro barrio
un Buda acaricia el sueño de la que amo
mientras una foto se ríe de mí,
a pesar de sus largos años.
Cuántas palabras traigo dentro
cuántos teléfonos apagados
cuántos zaguanes sin parejas que se amen
cuánto viajar para estar en ningún lado.
Qué triste es a veces sentirse endiablado
estoy mejor en lo que escribo
que en la triste realidad
de la que no quiero ser esclavo.
Todo esto para descubrir
que no está tan mal si dejo escapar tres alegatos
pues no son las palabras las que hieren
es la intención escondida tras el sonido pronunciado.
Que viva la ley del Talión
la pena que consiste
en que un delincuente sufra
un daño igual al que ha causado.
Que viva la ley de la contrición
la causa divina en que
cuando un ser humano se arrepiente
este puede ser perdonado.
Que viva la ley del amor
la dicha obligada que consiste
en que un ser humano reciba
un amor igual al que fue dado.
Autores de Concordia