Tres días antes de primavera

Tres días antes de primavera,
y un minuto antes de este minuto,
pensaba que pensar en ti
era un ejercicio común y trivial.
Pero esta voluntad involuntaria de pintarte en el aire,
de inventarte la voz, de encontrarte en suspiros,
de trazar con crayón la dimensión de tu cuerpo
sobre una sábana blanca y sueños de algodón,
me quitó la memoria, el aliento y la razón.

Tres días antes de primavera,
y un minuto antes de este minuto,
pensaba que pensar en ti
era empeñar el corazón y el alba.
Lo cual poco a poco comprobé,
con la puntería del destino,
con la alegría de un violín y la sonrisa de una niña,
con el vigor y la osadía de un adolescente
que no duerme por unos ojos transparentes,
que despiertan mi amanecer.

Tres días antes de primavera,
y un minuto antes de este minuto,
pensaba que pensar en ti
me dejaría en el desierto:

desamparado, sediento, celoso de mar por tanta arena.
Pero este inhóspito desierto se vio poblado
por un sentimiento alegre, frágil y risueño,
por un oasis de ensueño vinculado a una musa
que me inspira a escribir estos versos.

Tres días antes de primavera, justo a tiempo,
brotó una flor.