MEMORIA FRÁGIL RESCATA A MARTA ZAMARRIPA
Marta Zamarripa, la poeta que llevaba los versos puestos
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En el programa “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral), la figura de Marta Zamarripa emerge como un poema que se rehúsa a cerrarse. El documental que la retrata no se limita a reconstruir una biografía: ensaya, más bien, una lectura coral donde la memoria, como un verso en suspenso, vuelve a pronunciar su nombre en múltiples voces. Desde Gualeguay hasta Paraná -pasando por Concordia-, su vida se despliega como una cartografía íntima en la que la palabra y la enseñanza se entrelazan con una ética inquebrantable.
Zamarripa no fue solo una escritora: fue una arquitecta de sensibilidades. En las aulas, donde el lenguaje suele volverse norma, ella lo convirtió en revelación. Enseñar literatura era, en su caso, abrir ventanas hacia lo humano. Su impulso fundacional de la cátedra de Derechos Humanos en Entre Ríos puede leerse como un gesto también trascendental en el sentido más profundo: nombrar lo que duele, lo que falta, lo que debe ser restituido. Allí, la palabra dejó de ser ornamento para transformarse en herramienta de dignidad.
Los testimonios que atraviesan “Memoria Frágil” -de escritores, artistas, docentes- la evocan como una presencia intensa, casi volcánica, capaz de la ternura más honda y de la confrontación más filosa. Como toda gran poeta, habitó la contradicción: supo abrazar la belleza de lo cotidiano mientras denunciaba las heridas de su tiempo. En su voz, los desposeídos no eran cifra sino latidos; en sus clases, la literatura no era pasado sino urgencia.
Hay en el relato una persistencia luminosa: la de una mujer que eligió habitar la cultura desde el compromiso. Su obra, muchas veces relegada por los márgenes geográficos y de género, resiste como resisten los versos verdaderos: en la memoria de quienes la leyeron, en la voz de quienes aún la recitan, en la formación de quienes heredaron su mirada.
Así, el documental de “Memoria Frágil” no solo la recuerda: la vuelve presente. Porque hay vidas -como la de Marta Zamarripa- que no se archivan, sino que siguen escribiéndose en quienes aprendieron, alguna vez, que la poesía también puede ser una forma de justicia.
Marta Zamarripa, la poeta que llevaba los versos puestos
Marta Zamarripa nació en Gualeguay y vivió en casi toda la provincia. Fue docente, rectora, directora editorial, creadora de la primera cátedra de Derechos Humanos de Entre Ríos y, sobre todo, una gran poeta. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer apasionada, militante, generosa y con “la poesía viva en ella”.
Juan Meneguín, escritor
“Como todo adolescente cuando empecé a escribir necesitaba tener a alguien que me diera un consejo, una indicación o que leyera esos versos primerizos, por cierto, horribles. Pero, esa persona -alguien me dijo- por qué no vas a ver a la profesora Zamarripa, que vive allá, en el barrio Nebel. Y en esos años, 1974-1975, ir a la casa de Marta era hacer toda una travesía, porque vivía muy cerca del río, en una casita modesta que se llamaba ´La Cachuera´. Y, bueno, Marta me fue haciéndome interesar por la poesía latinoamericana y me hizo un acuerdo de escuchar en unos discos muy destruidos y en un tocadiscos Winco, la voz de Pablo Neruda, de Guillén, de Marechal, de Mujica Lainez… en fin, en esas tardes de invierno, esas tardecitas de invierno, son recuerdos muy fuertes que tengo”.
Stella Maris Ponce, poeta y cantante
“Realmente, no recuerdo cuándo la conocí a Marta Zamarripa. Tengo la impresión de que nos conocimos desde siempre. De hecho, el nombre de Marta siempre sonaba en el ámbito literario de la provincia y de mi ciudad, entre los poetas… porque Marta era amiga de los poetas y de los artistas y de la gente dedicada a la cultura”.
Rubén Clavenzani, actor y director
“´Mujer, sé que nos une este silencio, la pureza de caminar desnudos pedregales´. Son dos versos de su vasto poemario. Y a Marta la recuerdo arrogante, con un lenguaje sutil y generoso, elevado, pero podía tener un... un lenguaje soez, picante. Y usar, en determinados lugares, que ante determinadas personas, que no le caía demasiado bien, con quienes pudo haber confrontado o confrontaba, esa áspera ironía. Porque tenía un lenguaje que manejaba miles de palabras. Entonces eso le daba esa facultad, ¿no? Era la mujer que entraba a los despachos. Recuerdo que compartimos gestión acá por los ´90, ella era directora de Enseñanza Superior, fue ahí donde creó la cátedra de Derechos Humanos, en los institutos de Profesorado por entonces, ¿no? Mucho antes de depender de la UADER (Universidad Autónoma de Entre Ríos), como ahora. Fue muy preocupada… preocupada y ocupada en ese tema. Siempre recordó, a través de una exquisita poesía… exquisita y olorosa poesía, sus diez alumnos y alumnas desaparecidas. Si mal no recuerdo, en el Colegio Nacional ´Enrique Carbó´ en Concordia. Y tenía después... coincidimos también en gestión allá por el ´94-´95, con ´ ´Carlitos´ Asiaín y Miguel Codaglio, que era directora de la Editorial, que tenía un vínculo muy fuerte con Jorge Busti. Y ella entraba, entraba a los despachos ¿no? Estamos hablando de hace cuarenta y pico de años. Y... bueno, una vez que entraba, entraba. Y caída, ¿no? Y siempre tenía palabras para todo. Tenía esa arrogancia, ¿no? Como diciendo, acá camino yo. Pero, bueno, portaba y emanaba. Una especie de halo literario, de halo vuelo. Y eso le daba un sustento, ¿no? Muy fuerte”.
Marta Dora Zamarripa nació el 5 de agosto de 1932 en el Sexto Distrito del departamento Gualeguay, hija de Juan Zamarripa —de origen uruguayo, que solía recitarle de niña los versos del payador Gabino Ezeiza— y de Olivia Barozzi, también maestra. Esa doble herencia, la del verso y la del magisterio, marcaría toda su existencia. Desde pequeña se trasladó a Victoria, donde recibió su educación básica y secundaria, antes de llegar a Paraná para estudiar en el profesorado de Castellano, Literatura y Latín. Como profesora graduada se desempeñó en Entre Ríos, Santa Fe, Misiones y Mendoza.
Roberto Romani, escritor
“Marta Dora Zamarripa. Siempre hablábamos con ella y yo decía, bueno, ¡sos de Gualeguay! Nadie dice que sos de Gualeguay, pero bueno, vos naciste en el Sexto Distrito. Bueno, ella dibujaba una sonrisa y me decía… bueno, yo he sido en cada uno de los lugares donde viví, donde trabajé, donde sufrí, donde gocé, donde en definitiva elegí algunos ´retacitos´ de mi vida. Pero en realidad era así, su papá Juan trabajaba en el campo, en el Sexto Distrito del Departamento Gualeguay, así que allí nació el 5 de agosto de 1932. Y después tempranamente ya con su familia se dirigió a Victoria. Allí hizo Marta la escuela primaria y la secundaria también en la ciudad de ´Las Siete Colinas´. Siempre me invitaba a recitar aquello de Gaspar Benavente y me decía, vamos a recitar juntos: ´Qué lindo es volver al pago, por más que se haya sufrido y ver que están como entonces, la casa, la calle, el río´. Y se emocionaba siempre recordando su pago de Victoria y aquel poeta enorme que fue Gaspar Lucilo Benavente”.
Alejandro Bekes, poeta y traductor
“En 1980 yo creo que fue la primera vez que traté con Marta Zamarripa. La historia vino por varios lados. Ella era muy amiga de una gran persona que tuvimos acá en la ciudad, profesora de música y gran -¿cómo diríamos ahora?- promotora de actividades artísticas en la ciudad, Elvira Guidobono. Eran muy amigas las dos, a pesar de sus diferencias políticas. Y Elvira Guidobono era amiga de mi abuela Yolanda y a través de esa relación de mi abuela yo trabé el primer contacto con Marta Zamarripa. Así que la conocí en la casa de Elvira, ya les digo, por esas épocas. Seguramente, muchos de ustedes no habían nacido. Y, bueno, ella fue muy amable y se enteró… yo le dije que escribía y ella inmediatamente me citó en la Biblioteca del Colegio Nacional. Y tengo esa idea, por lo menos, que no tomen literalmente todo lo que digo porque esto pasó hace muchísimos años. Yo creo que en ese encuentro estaba, fue la primera vez también que lo vi a Mario Meichtry, que después sería un gran amigo mío, un año mayor que yo, Mario. Falleció en 2021. Y, bueno, así que fue un gran encuentro ese, ¿no? Con Marta y con Mario juntos. Ellos ya se conocían de antes. Y, bueno, a partir de ahí empezó un intercambio, ¿no? Muy rico. Poco a poco nos fuimos integrando a un pequeño grupo de contertulios, así que estaba formado por Marta, que era la maestra ahí; Mario; el que les habla, y Juan Meneguín, que poco después se incorporó también. Así que nos juntábamos con Marta, que desde entonces vivía con Rafael Torres, su compañero, un periodista de aquí, que, bueno, murió poco después, en el año ´85”.
Mario Daniel Villagra, autor y realizador
“Yo conocí a Marta Zamarripa por los años 2009, como dice en la dedicatoria del libro ´Azul de frío´, a su presencia, a su juventud y a su futuro. Entonces, la imagen que tengo de Marta son la imagen de los últimos 10-11 años de vida de Marta. Cuando yo la conocí, ya tenía 76 años. Vivía en Paraná y también conocí a su marido, a (Tomás Vladimir) Santich, y compartimos en su departamento alguna partida de ajedrez, alguna charla. Ella llegó a leer los primeros manuscritos de ´Los mandatos de Camilo Fink´ y después, con el tiempo, la invité a un programa de radio que teníamos en aquel momento, y ahí hizo las primeras lecturas de sus poemas, Cosa que nos sirvió el audio original de esa entrevista para comenzar el proyecto de cine, que vino más en los años 2013… 2015 fue el estreno de la película en la Biblioteca Provincial. Marta estaba presente. Estuvo muy contenta, muy emocionada de poder reencontrarse con personas queridas y recibir el homenaje en vida que significó este trabajo”.
En Concordia, donde vivió durante las décadas del '60-'70 y parte de los '80, Marta Zamarripa fue rectora del Colegio Nacional “Alejandro Carbó” y dejó una huella indeleble en varias generaciones. Alejandro Bekes, escritor y amigo de cuatro décadas, recuerda sus primeros encuentros en la Biblioteca del Colegio Nacional, a comienzos de los años '80.
Alejandro Bekes
“Me acuerdo que cuando se había empezado a poner de moda la idea de que el docente no tenía que hablar, que había que dejar que los alumnos se expresen. La idea que está bien, pero se nos va la mano, como en todo, ¿no? Acá en Argentina, el justo medio brilla por su ausencia y siempre estamos en los extremos. O el alumno no se lo deja hablar, o es el único que habla. Bueno, y Marta me decía, en esos tiempos: no -me decía-, yo expongo, yo le expongo a la clase, doy la clase, enseño. Y era una gran profesora, adorada por sus alumnos, por todos los que la conocían. Yo no tuve la suerte de ser alumno de ella en el Colegio Nacional, porque iba a otra escuela, pero bueno, toda la gente que he conocido que fueron sus alumnos, la admiraban, la querían, recordaban sus clases maravillosas sobre literatura española, sobre poesía española, sobre Quijote, sus grandes amores, ¿no? La literatura del Siglo de Oro Español”.
Rubén Clavenzani
“Tenía una... una literatura propia de la persona nacida en Entre Ríos hace varias décadas. Creo que ella era del año ´36 por ahí. ¿Por qué digo esto? Porque vivió en Concordia. Concordia es la segunda ciudad de la provincia. Pero, por entonces, tenía pocos habitantes en relación a otras grandes ciudades. Y ella escribe en su literatura lo urbano que queda ligado con diez pasos y se encuentra con la ruralidad. Por eso vincula la luna, la flora, la fauna, los animales. Esas imágenes poéticas tan fuertes de lo urbano inmediatamente respiran lo rural, que está a la vuelta de la esquina. Que aún hoy, en la mayoría de las ciudades de Entre Ríos, tenemos ese privilegio que uno está en pleno centro de una ciudad urbanizada, llena de vehículos, con gente pasando, que quizás, en poquitos minutos, caminando, se puede encontrar con el río. Se puede encontrar con una isla en frente, a poquitos metros, con pájaros de diversas especies, con una flora riquísima. Esa propiedad la tienen estas ciudades de Entre Ríos y ella la refleja, ¿no? Ella se autocalificaba, y bueno, también se conocían. Dice: ´yo soy peronista. Pero me hice más peronista después del bombardeo del 16 de junio del ´55. Ahí me puse firme´. Y después del golpe, ni hablar. Peronista y feminista. Después del ´5, más que abrirse, se cerraban todas las puertas, ¿no? Esa era la mujer del esternón que abría hacia adelante y le daba. Realmente, ese ímpetu no lo abandonó nunca, incluso cuando, en el último tiempo, ella fue también directora del Museo Histórico, no estaba transitando un buen momento. Creo que fueron los últimos años de su vida. No obstante, no perdía la lucidez del habla, de esa palabra llena de poesía y llena de riqueza literaria. Eso no lo perdió nunca. Y bueno, Marta era esa síntesis. Una militante en tiempos difíciles. Feminista cuando no era nada fácil, como lo describen esos dos versos que dije al inicio”.
Roberto Romani
“Uno de los cargos más importantes, más significativos que llevó adelante, que pudo cumplir acabadamente, querida la querida Marta, fue como directora de la Editorial de Entre Ríos. Fue una época luminosa para las letras entrerrianas cuando ella ocupó ese cargo. No solamente por lo que sabía, sino por esa capacidad de seleccionar autores entrerrianos absolutamente trascendentes, algunos conocidos, otros no tan conocidos, pero sí merecedores de esa colección ´Homenajes´ … Recuerdo cuando hizo ese gran esfuerzo para reeditar el itinerario del payador de Marcelino Román, una obra inhallable. Siempre había gente que consultaba desde el mundo, fundamentalmente del continente americano por esa obra, esa gran obra de Marcelino Román. Pues bien, Marta consiguió los originales de ese libro, trabajó intensamente y me acuerdo su felicidad la noche que lo presentamos en el salón San Martín del Consejo General de Educación. Yo tuve la suerte de presentar ese acto donde estaban Marta Zamarripa junto a José Curbelo, el gran payador oriental, y Adolfo Cosso, el payador entrerriano. Una noche realmente memorable, como fueron todas las presentaciones de los libros de la editorial. Después Marta asumió la responsabilidad en el Museo Histórico Martiniano Leguizamón, y durante mucho tiempo, cantidad de actividades se desarrollaron en esa casa… en un lugar que ella amaba entrañablemente desde la figura de Martiniano Leguizamón a toda la riqueza que guardan las paredes de ese museo. Y allí la escuché recordar a su abuela Antonia. ´De ella lo sabían todos, los jazmines del patio, el jardín, el molino, el sillón y el canto del canario. Bajo la galería, la hacía niña su trenza, su rostro de dulzura, su asombro alucinado y el ángel protector que a veces se le iba desde el campo de rosas hacia la novena rosa. Aún sin ojos para ver las cosas pobres y simples de las cosas que la acompañaron, se daba el gusto de querer la vida, de quererla no más porque le daba las mañanas el canto de los pájaros, la manzana escondida detrás de alguna puerta, el cajón de la cómoda y el cofre de los santos. Yo me acuerdo de un tiempo con flores en los tilos. Yo no sabía que había vivido tanto, ahora no me ve y es una suerte… creerá que seré aquella descalza en el mosaico. Es mejor que no sepa que esta voz es la mía. Solita. En el destierro. Sin higueras y sin patios´”.
Meneguín también recuerda aquellas tardes de invierno en la “casita” modesta de Marta, llamada “La Cachuera”, cerca del río, donde ella hacía escuchar en un tocadiscos Winco las voces de Pablo Neruda, Guillén y Marechal. “Fue quizás una de las personas más generosas que he conocido desde el punto de vista de la poesía”, dice. “Acercándose muchísimo a la juventud, buscando el talento entre los gurises”. Ese talento descubierto en los jóvenes se convirtió luego en páginas impresas: dirigió el suplemento literario del Diario Concordia, un espacio que fue abriendo uno a uno a los jóvenes poetas de la ciudad.
Juan Meneguín
“Fue quizás una de las personas más generosas que he conocido desde el punto de vista de la poesía, acercándose muchísimo a la juventud, buscando el talento entre los gurises. Yo no soy de los primeros. Antes que nosotros, hubo otras generaciones que también fueron alumnos de Marta. No fui alumno de Marta en la escuela, fui -digamos- un compañero de camino respecto con Marta, no fui alumno de ella en la literatura tampoco. Pero, fui compañero muy unidos de la poesía y ella fue la que nos publicó a todos nosotros, porque ella dirigía un suplemento cultural en el Diario de Concordia, cuando los Etchevehere pusieron ese diario y estaba dirigido por Mario Alarcón Muñiz, y nosotros, todos los meses íbamos al diario como peregrinación a buscar el suplemento cultural, suplemento literario que publicaba Marta y que salió un domingo, el primer domingo cada mes creo. Y ahí fuimos apareciendo uno a uno los jóvenes poetas de Concordia, y después íbamos a comer un asado en la casa de Marta y a celebrar el suplemento cultural… y era todo muy bohemia, una bohemia muy fuerte, porque además coincidía con los últimos años del proceso y el comienzo de la democracia”.
Rosario Badano, docente
“Marta Zamarripa es una persona fundamental en el tema de Derechos Humanos, en la enseñanza de los Derechos Humanos, en los Institutos de Formación Docente. Y a mí me parece que el tema más interesante es cómo alguien ve una perspectiva de abrir un camino hacia la enseñanza de la dignidad humana en quien va a ser un transmisor, ¿no?, como es un maestro, un profesor, etcétera, etcétera. Entonces, yo estuve buscando, y acá traje el que me regalaron a mí, el decano de Ciencia y Tecnología, Juan Pablo Filippuzzi, con motivo de un reconocimiento mío, el tema de que en el año ´89, cuando (Jorge Pedro) Busti firma el tema de que se instale en la provincia la enseñanza de los Derechos Humanos. Y se toman experiencias de Europa, de otros lados, como para certificar esa validez, ¿no? Si nosotros pensamos en el año ´89, no era un tema que corrían los Derechos Humanos para ser enseñados, y menos que gozaran de buena salud, sino que estábamos en una etapa bastante negacionista en el país, ¿no? Entonces, Marta juntó a un grupo de profesores, que eran Lambruschini y Miguel Pita, no sé quiénes más en ese momento, porque yo no estaba en Paraná, y juntos pergeñaron este tema, ¿no? Entonces, trabajan acá, tenían un cuadernillo que se llama ´Derechos Humanos, una educación para la libertad´, e imponerlo dentro de los institutos, en un principio tuvo una fase más legal, te diría yo, ligada a los derechos internacionales, al derecho más abstracto que concreto. Con el tiempo de caminar, esto se fue realizando y reinstalando, viendo cómo, porque descubrirse portadora del derecho a una maestra rural, a un técnico electricista, a un profesor de Geografía, hubo que andar un camino, ¿no?”.
Alejandro Bekes
“Me quedo por decir algo sobre cómo eran esos encuentros en la casa de Marta Zamarripa, allá por los principios de los años ´80, todavía bajo la dictadura, todavía no había llegado la democracia. Y fueron esos 2-3 años, entre los ´80 y ´83, tremendos años, con la historia de Malvinas en el medio. Y yo, sobre todo, recuerdo las primeras hermosas tardes o nochecitas en la casa de Marta, donde leíamos esas cosas, pero también se leía y se recitaba lo que viniera, y escuchábamos música, y era un clima realmente maravilloso, ¿no? Ella lograba generar, tenía ese tremendo amor por la literatura que era muy contagioso, y nos presentaba autores que a lo mejor conocíamos de nombre, y que tal vez eran como viejos amigos, y estaba Rafael también, y estaba, si no recuerdo mal, estaba su perra Andina, aunque no me acuerdo ahora si Andina ya estaba en esa época o vino después, pero ella le dedicó un poema, uno de sus mejores poemas, a esa perra Andina, uno de los poemas más conmovedores que yo reconozco”.
Mario Daniel Villagra
“Recuerdo también cuando fuimos caminando, a grabar ese poema que se llama ´Pozo de toma´, que, según lo que yo pude ver, fue uno de los poemas que más trabajó durante esos últimos años en sus cuadernos. Y esos días… verla allí motivada nuevamente en su tarea de poeta. Que, por cierto, revisando trabajos que hablan sobre ella en la Enciclopedia de Entre Ríos, por ejemplo, se cita a Marta… dice: ´Para mí, la poesía es un destino. Algo felizmente fatal, inevitable. Siento y vivo la poesía como mi más honda comunicación con las esencias del mundo, con las aventuras y desventuras de este siglo, mi tiempo, nuestro tiempo al que amo apasionadamente, porque el hombre es su poderoso protagonista´. Y así se la recuerda a Marta... Apasionada”.
Marta Zamarripa vivió una particular época de esplendor cuando fue directora de la Editorial de Entre Ríos. Dirigió una de las mejores colecciones de la institución: “Homenajes”. Desde ese espacio publicó a figuras como Juan L. Ortiz, Alfonso Solá González, Gaspar Benavento, Ana Teresa Fabani y Alfredo Veiravé, entre otros, consolidando una verdadera plataforma para las voces entrerrianas.
Juan Meneguín
“Su compromiso social era tan fuerte, tan, tan fuerte, que yo conozco, yo he sido testigo de ella cobrar el sueldo y salir a comprar medicamentos para otro poeta que teníamos en Concordia y que ya estaba muy enfermo porque no podía comprarse el medicamento. Al mismo tiempo, ese espíritu no era un espíritu de una persona apacible, Marta era turbulenta, era una mar de pasiones. Marta te odiaba o te amaba. Si te odiaba, no te daba ni la hora, ¿no? A menos que en algún momento le cayera la ficha y porque era buena persona en el fondo y te ayudaba, aunque no te hubiera querido. Y si te amaba… este, hay veces que solía perder la objetividad, para ser realista, pero siempre ella supo diferenciar. Era muy sagaz en la lectura que hacía de los poetas y de la poesía que conocía, y sabía quién era poeta y quién no era poeta. Esa fue una cosa que aprendimos de Marta: a saber leer la poesía, en ese sentido”.
Stella Maris Ponce
“Siempre tuve una admiración secreta hacia Marta y hacia su obra entrañable. En parte porque empecé a leerla. Tempranamente me acerqué a su obra y quedé admirada por la profundidad de su poesía. Una poesía cotidiana, de las cosas de todos los días y que ahondaba en la existencia humana y sigue haciéndolo. De hecho, creo que su poesía va a pervivir dentro de las grandes voces de la poesía argentina, aunque en su momento no haya sido lo suficientemente reconocida. Creo que la voz de Marta dentro de nuestra provincia ha sido una referencia obligada. De hecho, para mí lo ha sido, la considero también una ´madrina literaria´ porque me acompañó en mi escritura. Y esa poesía centrada en las cosas pequeñas, que son las grandes cosas de la existencia: el amor, la soledad, la ternura, un sentimiento tal vez poco reconocido o valorado dentro de la poesía. Marta lo trabajó afanosamente y es un sesgo dentro de su poesía: la ternura, la nostalgia, los recuerdos… ha sido una gran maestra para muchos y una referencia dentro de nuestra poesía”.
Rubén Clavenzani
“Y estuvo siempre presente en la Editorial. Hizo una gran gestión, creo que reeditó los textos de José María Díaz, la obra de Juan L. Ortiz. Creo que fue un convenio con la UNL, pero trabajó fuertemente para revalorizar al poeta, al escritor en realidad. Ella tenía muy claro quiénes eran sus horizontes. Admiraba de manera contradictoria a (Jorge Luis) Borges por sus posiciones políticas, pero -obviamente- indiscutible… ella misma, como lo decía con mucha autoridad, a María Elena Walsh. Cantaba, se meneaba con canciones… a veces les ponía textos a melodías de María Elena, para decirte algo no tan fuerte. Le ponía danza a la palabra, al texto. Y elegía a María Elena. (Julio) Cortázar, por supuesto. Tenía esos horizontes Juan L. Y es lo que puedo decir. Tuvimos por ahí un vínculo cercano cuando estaba en la Dirección del Teatro, cuando ella estaba en la Editorial. Asistía a conciertos, a lugares. Bueno, siempre tenía un texto poético para cada cosa que observaba. Hasta para una mancha de humedad en el techo. Esa era Marta. Mujer presente, militante, a veces tajante en sus expresiones. Y bueno, cuando no quería a alguien lo expresaba. Ya te digo, con el lenguaje soez y picante o bien con una fina ironía. Pero, tiraba dardo a donde tenía que tirarlo. Ella era así. Mujer de rica literatura que merece ser reeditada”.
Roberto Romani
“La poesía de Marta Zamarripa trascendió los límites de la provincia y el país. ¿No? Figuras consagradas de las letras argentinas, la ubicaron en el primer lugar de las letras. Entre ellos el entrerriano Isidoro Blaistein, que dice que no podrá -refiriéndose a ´Ayer y todavía´, abrir este libro impunemente, una mujer estaqueada en el rayo ha escrito estos poemas. Y después Jorge Rivera dice que Marta Zamarripa demostró que la poesía es capaz de explorar con riesgo y ternura la estiba gris de los días. Fíjense qué hermosa definición. Marta, que publicó obras tan bellísimas como ´Tapial con Luna´, en el año ´76 También de esa época es la obra ´Cosas de los días´, ´Ayer y todavía´ que se publicó en 1982, ´Solo de mates para días, de poca yerba´, ´Solo de garzas y otras levitaciones´ o ´Azul de frío´, entre algunos libros que tuve la suerte de poder acompañarla cuando los presentaba… ella se preparaba intensamente para esas ocasiones, ¿no? Con tantos amigos que la acompañaban siempre. Y al final recitaba sus poemas.
´Te dejo esta señal,
un semáforo en verde
en una calle que te abrí hacia adentro.
Esta luz amarilla de pulóver
como un enorme girasol girando
entre toda la niebla del invierno.
Te dejo esta señal,
la de mi paso.
La apretada ternura de mi pecho.
Mi costado de angustia.
Mis orillas con verdes y silencios.
Y estas ganas de amarte
aunque haga frío.
Aunque el invierno jure que es invierno.
Aunque se queme el polvo de los días
y caiga su ceniza en este beso´”.
Autores de Concordia